Un violador en tu camino

Por: Carol Arriaga @CarolBArriaga

¿Qué tenemos en común las mujeres de Bogotá, París, Berlín, Londres, Viña del Mar, Barcelona o México?

Lamentablemente, la respuesta se encuentra en una queja en común: las violencias machistas.

El pasado 20 de noviembre se realizó la primera intervención de la colectiva “Las Tesis” en Valparaíso, Chile; el 23 de ese mes se presentó en Santiago y el 25N se llevó a cabo simultáneamente en varios puntos de esa ciudad capital.

Esa dinámica chilena se replicó en varios países a partir de la convocatoria lanzada por la colectiva el 27 de noviembre para realizar el performance el 29 y que tuvo un importante eco en varias ciudades del mundo y de nuestro país.

El grito de las participantes además de ser individual es colectivo. Aquí las historias de todas cuentan. Hay unidad en la demanda y no solo eso, hay una creciente organización mundial feminista.

Las autoras de este himno son chilenas millenials, que construyeron desde su activismo feminista, lo artístico y lo escénico, un canto de protesta y de denuncia que ha sabido llegar a la raíz del problema.

El hartazgo de las mujeres de diferentes ciudades dio, en cuestión de días, la vuelta al mundo, y tuvo un impacto importante en términos de organización y de presencia física en espacios públicos a partir de una convocatoria por las redes sociales.

La idea original –dicen- es llevar las tesis de autoras feministas al trabajo en escena, difundiendo aspectos que no se conocen a través de un lenguaje cercano, con música y elementos visuales. La letra es producto de una investigación sobre la violación en Chile y parte de una reacción subversiva en contra de las represiones que surgieron por las protestas a principios de octubre.

El mensaje global es contundente: Las mujeres somos un gran ejército que demandamos paz, seguridad, libertad e igualdad, que ponemos en entredicho al sistema político fundacional que es patriarcal y nos estamos uniendo para lograrlo.

En 2018, al menos 3 mil 529 mujeres fueron asesinadas por razones de género en Latinoamérica, según el Observatorio de Igualdad de Género de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe.

Aun así el feminismo, un legítimo movimiento, es incomprendido y ha sido objeto de burlas, incluyendo las de algunos jugadores de un equipo de futbolistas adolescentes. Hoy, la inmensa mayoría del poder económico, religioso y político lo siguen detentando los hombres: empresarios, banqueros, jueces, presidentes, legisladores y sacerdotes.  Mientras tanto, las principales víctimas de la violencia sexual somos las mujeres y las niñas.

Han salido a la luz un gran número de casos que documentan que las agresiones sexuales no corresponden, en efecto, ni a la hora, al lugar, la edad o la condición social. Entre ellos, podemos citar el de Elena Poniatowska, descendiente del último rey de Polonia, quien fue violentada por el famoso escritor Juan José Arreola; la violación tumultuaria cometida por miembros castrenses a la indígena Ernestina Ascencio de 73 años en la sierra de Zongolica en 2007; o el feminicidio de la niña Lupita de 4 años de edad, que fue violada y asesinada por su padrastro en Nezahualcóyotl, Estado de México en 2009.

Así que la culpa no fue de ellas, pero sí de los hombres que ejercen una “sexualidad” violenta y agresiva y de las autoridades que permiten con su actuar o su omisión la impunidad y de quienes   imponen a las mujeres roles de subordinación desde su nacimiento.

Gran parte del cambio está en la educación en casa, en la escuela y en los medios de comunicación. Deconstruyamos.

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