EL ABC DEL FEMINISMO

Compilación a cargo de la  Mtra. Teresa C. Ulloa Ziáurriz

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1.     HISTORIA Y DESARROLLO DEL FEMINISMO[1]

Paredes pintadas, cuerpos desnudos y cánticos llenos de crudeza son algunas de las objeciones que las personas muestran en las marchas cuyo eje es la mujer. Bajo la frase “feministas eran las de antes”, una falacia se asoma, impregnada de poca conciencia.

En el siglo XVIII, indagando acerca de la jerarquía de los sexos, la francesa Olympe de Gouges comienza a dar salpicones de la primera ola del feminismo con su Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana, con la que cuestionaba la no inclusión de féminas en los tratados escritos durante la Revolución Francesa. Reclamar justamente un espacio y exigir igualdad de condiciones ante la ley ya era, de por sí, un signo de rebeldía mal visto por muchas personas de la época.

La segunda ola trae consigo el deseo de habilitar al “segundo sexo” el derecho al voto para elegir a los gobernantes y, junto con años de lucha en Inglaterra y varias promesas incumplidas, las sufragistas iniciaron una enérgica lucha en la que buscaban hacerse escuchar a través de huelgas de hambre, vidrios rotos y paredes pintadas. Estas protestas representaron, muchas veces, el modelo de feminismo que personas ajenas a la causa social usan para desprestigiar los medios de expresión actuales, sin contemplar que este emblemático período histórico derivó, incluso, en la muerte de algunas militantes.

Para la década de los 60, pese a haber conseguido el voto en algunos países, el movimiento feminista continuó su proceso de crecimiento y se enfrentó a desigualdades sociales como la discriminación de las mujeres de diversos orígenes étnicos y clases sociales.

Se encuentra en debate la existencia de una cuarta ola, que sería la que se desarrolla en el presente, ya que muchas personas señalan un cambio en el movimiento a partir de la segunda década de este siglo.

Actualmente, la lucha se da en contra de la violencia machista, especialmente el feminicidio, en toda su extensión y las mismas críticas que aparecían en los primeros años de la corriente vuelven a aflorar hoy. Así pues, casi cuatro siglos de lucha feminista no fueron suficientes para cambiar totalmente la visión de inferioridad hacia las mujeres y, aun cuando las reivindicaciones propuestas son sensatas, el pensamiento de que “no es la manera de protestar” se presenta como una barrera a un cambio mayor.

Las mujeres ya consiguieron el voto y pueden estudiar en las universidades, pero la lucha no termina ahí, pues aún hay mujeres oprimidas en Oriente Medio y víctimas mortales de la violencia machista en cada rincón del mundo; además, el acoso laboral y la brecha salarial acechan a las mujeres en su lucha por el auto sustento.

La situación actual no presenta la igualdad deseada y, en vista de que cada movimiento se confronta con el mal de su época y lo hace de la manera que considera más apropiada, la histórica lucha feminista sigue vigente.

Feminismo[2]

El concepto se refiere a los movimientos de liberación de la mujer, que históricamente han ido adquiriendo diversas proyecciones. Igual que otros movimientos, ha generado pensamiento y acción, teoría y práctica.

  1. El feminismo propugna un cambio en las relaciones sociales que conduzca a la liberación de la mujer –y también del varón– a través de eliminar las jerarquías y desigualdades entre los sexos. También puede decirse que el feminismo es un sistema de ideas que, a partir del estudio y análisis de la condición de la mujer en todos los órdenes –familia, educación, política, trabajo, etc.–, pretende transformar las relaciones basadas en la asimetría y opresión sexual, mediante una acción movilizadora. La teoría feminista se refiere al estudio sistemático de la condición de las mujeres, su papel en la sociedad y las vías para lograr su emancipación. Se diferencia de los Estudios de la Mujer por su perspectiva estratégica. Además de analizar y/o diagnosticar sobre la población femenina, busca explícitamente los caminos para transformar esa situación.

Aunque el feminismo no es homogéneo, ni constituye un cuerpo de ideas cerrado –ya que las mismas posturas políticas e ideológicas que abarcan toda la sociedad, se entrecruzan en sus distintas corrientes internas– podemos decir que éste es un movimiento político integral contra el sexismo en todos los terrenos (jurídico, ideológico y socioeconómico), que expresa la lucha de las mujeres contra cualquier forma de discriminación.

Antecedentes Históricos[3]

Algunas autoras ubican los inicios del feminismo a fines del s. XIII, cuando Guillermina de Bohemia planteó crear una iglesia de mujeres. Otras rescatan como parte de la lucha feminista a las predicadoras y brujas, pero es recién a mediados del s. XIX cuando comienza una lucha organizada y colectiva. Las mujeres participaron en los grandes acontecimientos históricos de los últimos siglos como el Renacimiento, la Revolución Francesa y las revoluciones socialistas, pero en forma subordinada. Es a partir del sufragismo cuando reivindican su autonomía.

Las Precursoras

Olympe de Gouges

La lucha de la mujer comienza a tener finalidades precisas a partir de la Revolución Francesa, ligada a la ideología igualitaria y racionalista del Iluminismo, y a las nuevas condiciones de trabajo surgidas a partir de la Revolución Industrial. Olympe de Gouges, en su “Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana” (1791), afirma que los “derechos naturales de la mujer están limitados por la tiranía del hombre, situación que debe ser reformada según las leyes de la naturaleza y la razón” (por lo que fue guillotinada por el propio gobierno de Robespierre, al que adhería). En 1792 Mary Wollstonecraft escribe la “Vindicación de los derechos de la mujer”, planteando demandas inusitadas para la época: igualdad de derechos civiles, políticos, laborales y educativos, y derecho al divorcio como libre decisión de las partes. En el s. XIX, Flora Tristán vincula las reivindicaciones de la mujer con las luchas obreras. Publica en 1842 La Unión Obrera, donde presenta el primer proyecto de una Internacional de trabajadoras, y expresa “la mujer es la proletaria del proletariado […] hasta el más oprimido de los hombres quiere oprimir a otro ser: su mujer”. Sobrina de un militar peruano, residió un tiempo en Perú, y su figura es reivindicada especialmente por el feminismo latinoamericano.

Las Sufragistas

Si bien los principios del iluminismo proclamaban la igualdad, la práctica demostró que ésta no era extensible a las mujeres. La Revolución Francesa no cumplió con sus demandas, y ellas aprendieron que debían luchar en forma autónoma para conquistar sus reivindicaciones. LA demanda PRINCIPAL FUE EL DERECHO AL SUFRAGIO, A PARTIR DEL CUAL ESPERABAN LOGRAR LAS DEMÁS CONQUISTAS.

El Frente Único Pro Derechos de la mujer agrupó a decenas de organizaciones de mujeres en la lucha por la obtención del voto femenino en México entre 1935 y 1938.

Aunque en general sus líderes fueron mujeres de la burguesía, también participaron muchas de la clase obrera. EE.UU. e Inglaterra fueron los países donde este movimiento tuvo mayor fuerza y repercusión. En el primero, las sufragistas participaron en las sociedades antiesclavistas de los estados norteños. En 1848, convocada por Elizabeth Cady Stanton, se realizó en una iglesia de Séneca Falls el primer congreso para reclamar los derechos civiles de las mujeres. Acabada la guerra civil, se concedió el voto a los negros pero no a las mujeres, lo que provocó una etapa de duras luchas. En 1920, la enmienda 19 de la Constitución reconoció el derecho al voto sin discriminación de sexo.

En Gran Bretaña las peticiones de las sufragistas provocan desde el s. XIX algunos debates parlamentarios. El problema de la explotación de mujeres y niños en las fábricas vinculó al movimiento con el fabianismo, planteando reivindicaciones por mejoras en las condiciones de trabajo. En 1903 se crea la Unión Social y Política de la Mujer, que, dirigida por Emmiline Pankhurst, organizó actos de sabotaje y manifestaciones violentas, propugnando la unión de las mujeres más allá de sus diferencias de clase. Declarada ilegal en 1913, sus integrantes fueron perseguidas y encarceladas. La primera guerra mundial produjo un vuelco de la situación: el gobierno británico declaró la amnistía para las sufragistas y les encomendó la organización del reclutamiento de mujeres para sustituir la mano de obra masculina en la producción durante la guerra; finalizada ésta, se concedió el voto a las mujeres.

En América Latina el sufragismo no tuvo la misma relevancia que en los  EE.UU. y Europa, reduciéndose en general la participación a sectores de las elites. Tampoco las agrupaciones de mujeres socialistas lograron un eco suficiente. En la Argentina, desde sus comienzos, las luchas de las mujeres por sus derechos se dividieron en una corriente burguesa y otra de tendencia clasista y sufragista. En ésta última militó Carolina Muzzilli, joven obrera, escritora y militante socialista. Desde 1900 surgieron diversos centros y ligas feministas. En 1918 se funda la Unión Feminista Nacional, con el concurso de Alicia Moreau de Justo. En 1920 se crea el Partido Feminista dirigido por Julieta Lanteri, que se presentó varias veces a elecciones nacionales. Pero las mujeres adquirieron un rol relevante en la escena política argentina recién con la figura de María Eva Duarte de Perón, quien promovió en 1947 la ley de derechos políticos de la mujer.

El Feminismo como Movimiento Social o Nuevo Feminismo.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, las mujeres consiguieron el derecho al voto en casi todos los países europeos, pero paralelamente se produjo un reflujo de las luchas feministas. En una etapa de transición se rescata como precursora a Emma Goldmann, quien ya en 1910 había publicado Anarquismo y otros ensayos, donde relacionaba la lucha feminista con la de la clase obrera e incluso hacía aportes sobre la sexualidad femenina. En esta etapa –ubicándolas como “iniciantes” del nuevo feminismo– se destacan los aportes de Simone de Beauvoir, en El Segundo sexo (1949) y de Betty Friedan, con el también consagrado Mística de la femineidad (1963).

El denominado “nuevo feminismo”, comienza a fines de los sesenta del siglo pasado en los EE.UU. y Europa, y se inscribe dentro de los movimientos sociales surgidos durante esa década en los países más desarrollados. Los ejes temáticos que plantea son, la redefinición del concepto de patriarcado, el análisis de los orígenes de la opresión de la mujer, el rol de la familia, la división sexual del trabajo y el trabajo doméstico, la sexualidad, la reformulación de la separación de espacios público y privado –a partir del eslogan “lo personal es político”– y el estudio de la vida cotidiana. Manifiesta que no puede darse un cambio social en las estructuras económicas, si no se produce a la vez una transformación de las relaciones entre los sexos.

Plantea también la necesidad de búsqueda de una nueva identidad de las mujeres que redefina lo personal como imprescindible para el cambio político. El feminismo contemporáneo considera que la igualdad jurídica y política reclamada por las mujeres del s. XIX –en general conquistadas en el s. XX– si bien constituyó un paso adelante, no fue suficiente para modificar en forma sustantiva el rol de las mujeres. Las limitaciones del sufragismo eran las propias del liberalismo burgués, y se concebía la emancipación de la mujer como igualdad ante la ley. Pero las causas de la opresión demostraron ser mucho más complejas y profundas. Aún con el aporte de las ideas socialistas, la denuncia de la familia como fuente de opresión, y la concepción de igualdad proletaria, no se llega al meollo de la cuestión. Aunque hubo aportes esenciales como los de Alexandra Kolontai, también el socialismo estaba teñido de una ideología patriarcal. Las revoluciones socialistas no significaron un cambio sustancial para la mayoría de las mujeres.

El nuevo feminismo asume como desafío demostrar que la Naturaleza no  encadena a los seres humanos y les fija su destino: “no se nace mujer, se llega a serlo” (S. de Beauvoir). Se reivindica el derecho al placer sexual por parte de las mujeres y se denuncia que la sexualidad femenina ha sido negada por la supremacía de los varones, rescatándose el orgasmo clitoridiano y el derecho a la libre elección sexual. Por primera vez se pone en entredicho que – por su capacidad de reproducir la especie- la mujer deba asumir como mandato biológico la crianza de los hijos y el cuidado de la familia. Se analiza el trabajo doméstico, denunciando su carácter de adjudicado a ésta por nacimiento y de por vida, así como la función social del mismo y su no remuneración. Todo ello implica una crítica radical a las bases de la actual organización social. “Ya no se acepta al hombre como prototipo del ser humano, como universal. Luchamos, sí, porque no se nos niegue ningún derecho, pero luchamos, sobre todo, para acabar con la división de papeles en función del sexo” (P. Uría, E. Pineda, M Oliván, 1985).

Dentro del feminismo contemporáneo existen numerosos grupos con diversas tendencias y orientaciones por lo cual es más correcto hablar de movimientos feministas. Según Stoltz Chinchilla, el feminismo es una ideología parcial que tiene que estar ligada consciente o inconscientemente con otra ideología de clase. En un primer momento, que abarca la denominada Primera Ola (desde los sesenta, hasta comienzos los ochenta aproximadamente) podemos sintetizar estas corrientes en tres líneas principales: una radical, otra socialista y otra liberal, entrecruzadas por las tendencias de la igualdad y la diferencia.

El FEMINISMO RADICAL sostiene que la mayor contradicción social se produce en función del sexo y propugna una confrontación. Las mujeres estarían oprimidas por las instituciones patriarcales que tienen el control sobre ellas y, fundamentalmente, sobre su reproducción.

Shulamith Firostene en su ya clásico La dialéctica de los sexos (1971) sostiene que las mujeres constituyen una clase social, pero “al contrario que en las clases económicas, las clases sexuales resultan directamente de una realidad biológica; el hombre y la mujer fueron creados diferentes y recibieron privilegios desiguales”. Propone como alternativa la necesidad de una nueva organización social, basada en comunidades donde se fomente la vida en común de parejas y amigos sin formalidades legales. El feminismo radical tiene como objetivos centrales: retomar el control sexual y reproductivo de las mujeres y aumentar su poder económico, social y cultural; destruir las jerarquías y la supremacía de la ciencia; crear organizaciones no jerárquicas, solidarias y horizontales. Otro rasgo principal es la independencia total de los partidos políticos y los sindicatos.

La mayoría de las feministas radicales se pronuncian también por el FEMINISMO DE LA DIFERENCIA, que surge a comienzos de los setenta en los EE.UU. y Francia con el eslogan ser mujer es hermoso. Propone una revalorización de lo femenino, planteando una oposición radical a la cultura patriarcal y a todas las formas de poder, por considerarlo propio del varón; rechazan la organización, la racionalidad y el discurso masculino. Este feminismo reúne tendencias muy diversas reivindicando por ejemplo que lo irracional y sensible es lo característico de la mujer, revalorizando la maternidad, exaltando las tareas domésticas como algo creativo que se hace con las propias manos, rescatando el lenguaje del cuerpo, la inmensa capacidad de placer de la mujer y su supremacía sobre la mente, la existencia de valores y culturas distintas para cada sexo, que se corresponden con un espacio para la mujer, y un espacio para el varón, etc. El mundo femenino se define en términos de anti poder o no-poder. Esta tendencia fue mayoría en Francia e Italia y tuvo bastante fuerza en España. Sus principales ideólogas fueron Annie Leclerc y Luce Yrigaray en Francia, Carla Lonzi en Italia y Victoria Sendón de León en España.

Al anterior se contrapone el FEMINISMO DE LA IGUALDAD, que reconoce sus  fuentes en las raíces ilustradas y el sufragismo, pero se plantea conseguir la profundización de esa igualdad hasta abolir totalmente las diferencias artificiales en razón del sexo. En España, E. Pineda y C. Amorós abrieron el debate realizando un análisis clarificador acerca de las implicancias conservadoras de la tendencia extrema de la diferencia. En el seno del feminismo radical hay corrientes –como la radical materialista- que cuestionan severamente la diferencia. Christine Delphy la designa como neofemineidad, ya que tiene connotaciones biologistas y esencialistas, y en definitiva no hace sino afianzar los estereotipos sexuales, propio de una ideología reaccionaria. Las defensoras de la igualdad niegan la existencia de valores femeninos y señalan que la única diferencia válida es la que tiene su origen en la opresión. “Lo que se encuentra en la sociedad jerárquica actual no son machos o hembras, sino construcciones sociales que son los hombres y las mujeres” (Delphy, 1980).

Cabe destacar también que, después de duras polémicas, lograron eliminarse las aristas más ríspidas de ambas tendencias, e incluso se reconocen aportes mutuos, produciéndose lo que Amorós llama “la diferenciación de la igualdad y la igualación de la diferencia”. Las corrientes del feminismo que se proponen una alternativa de poder, como las socialistas y liberales, se pronuncian por la igualdad, aunque esta noción adquiere significados muy distintos para ambas. El FEMINISMO LIBERAL, con peso en especial en EE.UU., considera al capitalismo como el sistema que ofrece mayores posibilidades de lograr la igualdad entre los sexos. Cree que la causa principal de la opresión está dada por la cultura tradicional, que implica atraso y no favorece la emancipación de la mujer. El enemigo principal sería la falta de educación y el propio temor de las mujeres al éxito.

El FEMINISMO SOCIALISTA coincide con algunos análisis y aportes del feminismo radical, reconociendo la especificidad de la lucha femenina, pero considera que ésta debe insertarse en la problemática del enfrentamiento global al sistema capitalista. Expresa también que los cambios en la estructura económica no son suficientes para eliminar la opresión de las mujeres. Relaciona la explotación de clase con la opresión de la mujer, planteando que ésta es explotada por el capitalismo y oprimida por el patriarcado, sistema que es anterior al capitalismo y que fue variando históricamente. En general están a favor de la doble militancia contra ambos. Esta corriente se destacó principalmente en Inglaterra y en España, y en algunos países latinoamericanos tuvo bastante importancia. En América Latina el feminismo fue adquiriendo relevancia en los últimos años. Durante la Primera Ola la preocupación era articular las luchas de las mujeres contra el imperialismo. Un rasgo distintivo es la coincidencia con importantes movimientos de mujeres que se organizan en torno a objetivos y demandas diversas, algunas más puntuales o sectoriales –lucha contra la carestía y el desempleo, por el trabajo informal o precarizado, por el agua, guarderías, etc.– y otras más generales, como las de militantes de partidos y movimientos revolucionarios, que relacionan sus reivindicaciones con los cambios necesarios en la sociedad global. Los movimientos de mujeres, sumamente heterogéneos, están constituidos básicamente por grupos de amas de casa, trabajadoras del hogar, indígenas, campesinas, pobladoras, sindicalistas, trabajadoras de salud, etc., en general pertenecientes a los sectores populares. Aunque mayoritariamente no se reconocen como feministas, muchas veces comparten reclamos comunes –divorcio, anticoncepción, aborto, patria potestad, eliminación de leyes discriminatorias, etc.–, constituyendo frentes con las feministas y otros sectores.

Los Feminismos del Siglo XXI[4]

A mediados de la década de 1980 con el reconocimiento de las multiplicidades y de la heterogeneidad del movimiento se produce una crisis y grandes discusiones en su seno. Algunas hablan de una tercera ola. La falta de paradigmas alternativos en la sociedad global después de la caída del muro de Berlín, también afectó al feminismo, observándose una significativa desmovilización de las mujeres, en especial en el hemisferio norte.

Según algunas autoras/es la producción teórica más importante ha tenido lugar en las dos últimas décadas, sin estar acompañada por un movimiento social pujante como había sucedido durante el principio de la

Segunda Ola. El feminismo consiguió colocar la cuestión de la emancipación de las mujeres en la agenda pública desde mediados de los setenta, para comenzar a desarticularse y perder fuerza como movimiento social años después. Se produce una importante institucionalización del movimiento con la proliferación de ONGs, la participación de feministas en los gobiernos y organismos internacionales, y la creación de ámbitos específicos en el Estado. Desde su espacio en las universidades el feminismo aumentó la investigación y la construcción de tesis, profundizando y complejizando sus reflexiones con mayor rigor académico. Se abrió notablemente el abanico de escuelas y propuestas, incluidas las referentes a la discusión estratégica sobre los procesos de emancipación.

Las razones de la diversificación teórica en cuanto al diagnóstico y la explicación son complejas. También ha sucedido con otras teorías del conflicto que, precisamente en los períodos de ausencia de movilización social, la reflexión se extiende por aspectos teóricos no resueltos y antes simplificados. Es indudable que la teoría feminista ha absorbido elementos de nuevas propuestas dentro de la teoría social general –postestructuralistas, postmodernas, etc. (ver Estructuralismo/posestructuralismo)–, precisamente en un momento en que ésta se fragmentaba por una crisis notable de paradigmas (Gomáriz, 1991).

Los debates que se fueron suscitando a lo largo de las décadas dan cuenta de las preocupaciones y núcleos temáticos que se fueron desarrollando, así como los mitos que el/los feminismos fueron produciendo. En los ochenta uno de los mitos más cuestionados –que constituye también una crítica a cierto feminismo de la diferencia (ver Feminismo de la diferencia sexual)– es el de la naturaleza única y ontológicamente buena” de la mujer, prevaleciente en las décadas de los sesenta y setenta. La producción de los ochenta, contrariando esta visión de observar lo común, subrayó la diversidad entre las mujeres, expresada según la clase, raza, etnia, cultura, preferencia sexual, etc. Esto sin dudas está fuertemente influenciado por el auge del pensamiento postmodernista y postestructuralista, pero también se basó en la propia evolución y experiencia del movimiento.

Respecto al poder, se critica la visión unilineal que lo considera como prerrogativa masculina. Señala el carácter relacional entre los sexos y denuncia las estructuras de poder que se dan entre las mujeres. Los aportes del psicoanálisis permitieron visualizar la manipulación emocional que suelen ejercer las madres. Se rompe con la idea prevaleciente de la mujer víctima. La polémica con el feminismo de la diferencia permitió que emergieran estos mitos, así como también -en el plano de la ciudadanía, el de una supuesta identidad política “mejor”, menos contaminada de las mujeres. Respecto al medio ambiente, se polemiza con el ecofeminismo, que defiende la relación mujer/naturaleza y sostiene que las mujeres –por el hecho de serlo – tendrían una buena relación con el entorno, por lo que se desprendería una mayor responsabilidad para cuidar y salvar al planeta.

Este balance crítico, unido a la crisis de los movimientos sociales y populares, atraviesan de modo peculiar a los feminismos latinoamericanos. Según Gina Vargas (1998), el movimiento de la década del noventa, en el marco de los procesos de transición democrática que se vivió en las mayoría de los países, se enfrenta a nuevos escenarios y atraviesa una serie de tensiones y nudos críticos caracterizados por su ambivalencia. Las nuevas lógicas que intenta tener frente a las transformaciones paradigmáticas no se terminan de adecuar a estas nuevas dinámicas ni pueden reconocer siempre los signos que da la realidad. Dilema que no es exclusivo del feminismo sino de casi todos los movimientos sociales. Es importante destacar que en general éstos surgieron y se desarrollaron en el marco de la lucha contra gobiernos autoritarios, o en los inicios de procesos democráticos post dictatoriales, con el énfasis y las certezas de los setenta. La incertidumbre posterior repercutió en un movimiento menos movilizado pero más reflexivo, y a la búsqueda de lógicas dialogantes. En este contexto, uno de los cambios significativos lo constituye el pasar (en general) de una actitud anti estatista a una postura crítica pero negociadora con el Estado y los espacios internacionales. (Vargas, 1998).

En AMÉRICA LATINA, más allá de las múltiples diferencias y matices entre las corrientes internas (en las cuáles están presentes los debates expuestos) puede esquematizarse un feminismo más institucionalizado –en donde las mujeres se agrupan dentro de ONGs y en los partidos políticos–, y un feminismo más autónomo y radicalizado. El primero es heredero del feminismo de la igualdad de la década anterior y cree necesario la negociación política. El segundo sostiene las banderas del feminismo radical y cuestionan severamente la institucionalización del movimiento. Por otro lado, existen también amplios grupos y/o movimientos de feministas denominadas populares, que tienen como prioridad la militancia, recogiendo demandas e intentando nuevos liderazgos.

Entre los principales riesgos por los que atraviesan los feminismos hoy, podemos destacar los siguientes:

a.         desdibujamiento de propuestas colectivas articuladas desde las sociedades civiles y ausencia de canales de diálogo que ubiquen al feminismo como sujeto de interlocución válido;

b.    “cooptación” de técnicas y expertas por parte de los gobiernos y organismos internacionales;

c.    fragmentación de miradas, luchas internas y desarticulación de propuestas;

d.    posturas demasiado radicalizadas e inviables que se alejan de los movimientos populares.

En síntesis, podemos decir que en Latinoamérica la principal tensión reside en cómo mantener la radicalidad del pensamiento y la acción, al mismo tiempo que se incursiona en espacios públicos y políticos más amplios, que permitan negociar y consensuar las propuestas y agendas que la mayoría de las mujeres necesitan.

Los países donde el fenómeno adquirió mayor envergadura son Brasil, México, Perú y Chile. Resulta peculiar la evolución alcanzada en países como Cuba y Nicaragua, donde la lucha de las mujeres organizadas es significativa, a pesar de que éstas no siempre se definan como feministas.

Pese a las crisis señaladas, la importancia que adquiere el feminismo del continente se puede visualizar a partir del constante incremento en la participación de mujeres en encuentros feministas internacionales que se realizan desde 1981 en distintos países de la Región, así como de las numerosas redes temáticas que se articulan internacionalmente (Violencia, Salud, Medio Ambiente, etc.)

El desafío principal de los feminismos latinoamericanos hoy es encontrar estrategias adecuadas para articular sus luchas con los de otros movimientos más amplios, de mujeres, derechos humanos, etc., para impulsar las transformaciones que requiere la sociedad actual.

10 Claves para Entender el Feminismo[5]

El feminismo es un movimiento que busca reconocer la igualdad entre las mujeres y los hombres. ¡Te decimos algunas claves que debes saber para entenderlo!

Una de las mejores cosas que nos ha pasado en la actualidad, es la introducción del feminismo a nuestro estilo de vida. Cada vez más son las mujeres que se sienten acompañadas e inspiradas a salir adelante, exigir lo que merecen y hacer valer sus derechos. Cada vez es más grande el apoyo que reciben, y se está reflejando en muchos niveles, desde los personal y las relaciones, hasta lo laboral. ¿Pero qué es realmente el feminismo? Te decimos algunos puntos clave que debes tener en cuenta.

1.1. El Feminismo tiene una Meta Positiva

A diferencia de la definición de la palabra machismo (Actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres, de acuerdo a la RAE, de una manera extremadamente sintetizada), el feminismo tiene la meta de igualar los derechos de las mujeres con respecto a los de los hombres. Por ejemplo, que las mujeres podamos trabajar, ir a la escuela y tener propiedades es producto de la lucha feminista. Que puedas votar, manejar un coche o elegir con quién casarte, también. El feminismo busca que puedas elegir lo mejor para tu vida, sin que nadie te juzgue (o peor, se te castigue por ello).

1.2.  El Feminismo No es “Poner a los Hombres contra las Mujeres”

Una de las concepciones más tergiversadas que hay sobre el feminismo, es que busca poner a las mujeres contra los hombres… y de verdad, no tiene absolutamente nada que ver con las verdaderas metas del feminismo. Lo que ha ocurrido, es que el machismo trata de hacer ver que ahora las mujeres se quieren “imponer” ante un mundo que –comprobado– ha inclinado más su balanza a favor de los hombres. Pero lo que las feministas buscamos no es que se nos den las cosas por el hecho de ser mujeres, sino simplemente también ser tomadas en cuenta para cosas como, por ejemplo, puestos directivos o trabajos que comúnmente los hombres tenían más presencia.

1.3. El Feminismo Busca la Sororidad

Atrás quedaron los días en que a las mujeres se nos decía que debíamos competir con otras mujeres o ser “malas” las unas con las otras. El feminismo nos ha enseñado que esa es una idea tóxica del machismo, y contrario a lo que todo el mundo te dice, el feminismo busca crear una sororidad donde las mujeres nos apoyemos entre todas.

1.4.  El Feminismo no se Trata de Seguir unas Reglas y Otras no

¿Decidiste ya nunca más depilarte? Increíble. ¿Crees que eso no es para ti y quieres siempre rasurarte piernas y axilas? Perfecto. ¿Quieres usar pantalones siempre? Cool ¿Quieres usar vestido toda la vida? Adelante. ¿Eres amante del maquillaje? ¡Nosotras también! ¿Prefieres ir con cara lavada a todos lados? Lo aplaudimos. El feminismo no se trata de que sigas reglas o despotriques otras… se trata de que todas las mujeres puedan hacer lo que quieran, sin guiarse por la presión social ni “gustar a los demás” (mucho menos a un hombre).

1.5. El Feminismo Busca que tu Trabajo Sea Valorado como el de cualquier Persona

Seguro esto ya lo sabías, pero no está por demás recordarlo: en muchísimas empresas. los hombres suelen ganar más dinero que las mujeres, no importa si tienen los mismo puestos… o incluso si son superiores: siguen ganando menos. El feminismo busca que tu trabajo sea igual de valorado que el de otras personas. No busca que sea “más”, busca que sea igual. Acuérdate de esa palabra: igual.

1.6. El Feminismo Busca la Justicia

Acoso sexual, violaciones, feminicidios… las mujeres estamos viviendo un mundo muy violento en la actualidad, y el feminismo si bien trata de erradicar todo esto, sabe que es difícil, pero también busca la justicia de estos crímenes. No te dejes engañar: las protestas que hay en las calles pesan más que los monumentos. ¿De qué sirve tener una estatua hermosa, cuando está cimentada en la violencia y la muerte de miles de mujeres?

1.7. El Feminismo Busca que Tengas una Voz

Atrás también ya quedaron esos días de quedarte callada. Si algo no te parece o crees que estás siendo víctima de una injusticia, ¡dilo! El feminismo busca que tu voz sea escuchada por todos y trata de que solucionar lo que está ocurriendo.

1.8. El Feminismo Busca que Disfrutes una Sexualidad Libre

El feminismo busca que no vincules el sexo a la idea del “placer para la otra persona”, sino que tú misma lo goces y que lo vivas con plena libertad. Y eso no sólo incluye el hecho de tener relaciones sexuales consensuadas, sino ser libre de utilizar métodos anticonceptivos, e incluso si no deseas formar una familia, saber que tienes la opción de abortar. Eso es una sexualidad plena y libre.

1.9. No Se Nace Feminista

Habrá un momento en el que el feminismo llegará a tu vida… y cambiará toda tu perspectiva por completo. Y en el trayecto en que vayas aprendiendo las cosas, conceptos, actitudes y que conozcas a más feministas que lucharon para que ahora tengas derechos (y luchar para que aplique lo mismo para generaciones futuras), debes entender que hay muchísimo por aprender, y que nadie nace sabiéndolo todo. El feminismo es un cambio radical de percepción del mundo, pero no creas que deber ir de cero a 100 en una noche. Tómate tu tiempo para ir formando tu cosmovisión.

1.10.        Hay Diferentes Tipos de Feminismo

En el camino a aprender todo lo que tenga que ver con feminismo, verás que hay diferentes tipos. Hay algunos más radicales que otros, pero dentro de todo, queremos remarcar que la búsqueda principal de este movimiento social, es la igualdad de derechos. La igualdad laboral, educativa, en relaciones, en decisiones. Sea cual sea la línea de pensamiento que elijas, te invitamos a considerar aquella que no segrega y que busca el bien común. Ya hay mucho odio en el mundo, como para que un movimiento que busca unir, siga separando.

2.     LA CONSTRUCCIÓN DE LA PAZ DESDE EL FEMINISMO.[6]

“A lo largo de la historia aquellos que la han escrito guardaron un silencio sospechoso sobre los aportes que las mujeres hicieron a la ciencia, la política, la cultura, la medicina… incluso a la guerra y a la paz. Hoy las mujeres … seguimos alzando nuestras voces para que se nos escuche en los distintos niveles de la vida política y social, para que nos oigan lo mucho que tenemos que decir frente a la paz y, para que se reconozca el aporte que desde comunidades y organizaciones, hacemos para salir de la encrucijada que significa la guerra”. 

 Las feministas han librado una lucha generalizada contra la histórica subordinación y opresión a las que han estado sujetas las mujeres, pero sería incorrecto afirmar que se han limitado únicamente a eso. Esta corriente va más allá, es una forma de reinventar el mundo, es una propuesta que implica un orden social sin estructuras dominantes como sucede en el patriarcado, donde haya justicia social, política y económica, igualdad ante la diferencia, autonomía y respeto por los Derechos Humanos. El feminismo en Colombia presenta características específicas permeadas por un conflicto complejo y prolongado; las mujeres en el país viven esta realidad. Debido a ello, tienen un referente emocional y físico de éste; de hecho, campesinas, indígenas, blancas y afrodescendientes han sido víctimas del conflicto en diferentes dimensiones, lo que implica que las feministas tienen una responsabilidad adicional con estas mujeres. En ese sentido, los movimientos de mujeres La Ruta Pacífica de las Mujeres y La Red Nacional de Mujeres, en tanto movimientos sociales feministas y pacifistas, no sólo abogan por los derechos de las mujeres, sino que asumen un compromiso con la construcción de paz en el país. La Red surgió a partir de la participación de feministas en la Asamblea Nacional Constituyente de 1991, y la Ruta en un contexto de conflicto generalizado en 1996. Ambos han liderado movilizaciones y resistencias civiles no violentas en el país, a favor de la salida negociada al conflicto, del respeto de los Derechos Humanos, y han acompañado procesos locales de construcción de paz en distintos departamentos. 

Dicha conceptualización de la paz estará basada en la tipología que ofrece Johan Galtung con respecto al tema, es decir, la paz como la resolución creativa de los conflictos donde se dan plenamente la paz natural, directa, estructural y cultural.

Así mismo, partimos de la teoría feminista que, además de cuestionar la situación de opresión y subordinación de las mujeres, rechaza el orden social patriarcal y las relaciones desiguales e injustas.

Las Olas del Feminismo 

Amelia Valcárcel asegura que “el feminismo viene de la Ilustración  europea, aunque arranca previamente de la filosofía barroca. Pero es en el Siglo de las Luces cuando toma su primer gran impulso. Ese siglo que es una larga polémica en torno a la más variada tópica (el lujo, el gusto, las artes y las ciencias, la superstición y los textos sagrados, las formas de Estado, los temperamentos… y tantas otras) inaugura como polémica la igualdad de ingenio y trato para las mujeres” (Valcárcel, 2000:1). Esta se puede caracterizar como la primera ola del feminismo. La segunda ola del feminismo nace con el siglo XIX y el modelo sociopolítico liberal. Tanto Rousseau como Hegel y Schopenhauer defendían las libertades individuales pero sólo de los varones. Para ellos, el sexo masculino encarnaba el espíritu y las mujeres encarnaban la naturaleza, lo que implicaba que el destino de los hombres era distinto al de las mujeres, y entre esas implicaciones estaba el que no fueran iguales en términos de ciudadanía y derechos. Tenían entonces las mujeres menos capacidades y oportunidades. Pero en 1848, año no sólo de la publicación del Manifiesto Comunista sino también de Seneca Falls, treinta hombres y sesenta mujeres firman la Declaración de Sentimientos, donde lo que se buscaba era la ciudadanía para las mujeres y el cambio en la moral. Así mismo, argumentaban que la igualdad no debía predicarse solamente respecto a los hombres. Sin embargo, sólo después de las dos Guerras Mundiales, Occidente estableció la ciudadanía de las mujeres y el respectivo derecho al voto. De acuerdo con la misma autora, la tercera ola del feminismo se produjo en 1968 teniendo al patriarcado como enemigo. “El feminismo de la tercera ola no se podía contentar con el sólo derecho al voto, sino que inició la tarea de repaso sistemático de todos y cada uno de los códigos a fin de detectar en ellos y posteriormente eliminar los arraigos jurídicos de la discriminación todavía vigente” (Valcárcel, 2000: 1).

A partir de ese hecho que marcó la historia de Occidente, se empezaron a desarrollar teoría política desde el feminismo, epistemología desde el feminismo, y se hicieron más claras corrientes como la socialista, el feminismo radical, el feminismo liberal, el feminismo desde el lesbianismo, el construido desde el Tercer Mundo y el maternal, donde el común denominador está fijado por la lucha contra la subordinación y opresión de las mujeres y el cuestionamiento del carácter universal del hombre. 

El Marco Normativo que Reconoce la Vulnerabilidad de las Mujeres en Situaciones de Conflicto Armado[7] 

Este apartado tiene dos intenciones. La primera, es exponer las leyes nacionales e internacionales que sirven de marco para los movimientos, en lo que concierne a la lucha por el cumplimiento de los derechos de las mujeres. La segunda, es mostrar cómo el reconocimiento de la subordinación de las mujeres es reciente y, así mismo, es reciente la afirmación de que las mujeres son más vulnerables en el conflicto debido a su histórica opresión. Esto es importante porque evidencia el hecho de que la mujer está sujeta a la estructura patriarcal que la afecta en todas las situaciones de la vida. La cuestión ha sido reconocida tanto por organizaciones internacionales, como por los Estados miembros de la Organización de las Naciones Unidas en los últimos treinta años.

La Resolución 1325 de la Organización de Naciones Unidas, expresa la preocupación por el hecho de que sea la sociedad civil y en especial las mujeres, las niñas y niños los más perjudicados en los conflictos armados en cuanto al desplazamiento y a la violencia. Así mismo, manifiesta la importancia de la participación de las mujeres en los procesos de construcción de paz. Otras resoluciones importantes como la 1820 de 2008 condena la violencia sexual mayormente dirigida a las mujeres en los conflictos; la 1882 que cataloga estos crímenes como de lesa humanidad y, la 1888 que reitera la necesidad de no repetición en casos de violencia sexual. 

En términos de otros instrumentos en el escenario internacional, referidos “(…) específicamente a los derechos de las mujeres, está la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW), adoptada por las Naciones Unidas en 1979. Esta Convención se suma a los instrumentos jurídicos internacionales que conforman el derecho internacional de los derechos humanos” (CEDAW, 2000:9). La Asamblea General en su Resolución 34/180 del 18 de diciembre de 1979 reafirma la Carta de Naciones Unidas, los Derechos Humanos fundamentales y con ellos, la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer, reconociendo que la discriminación contra la mujer existe y que otro tipo de discriminaciones tales como la racial afectan la vida social. “A los efectos de la presente Convención, la expresión “discriminación contra la mujer” denotará toda distinción, exclusión o restricción basada en el sexo que tenga por objeto o resultado menoscabar o anular el reconocimiento, goce o ejercicio por la mujer, independientemente de su estado civil, sobre la base de la igualdad del hombre y la mujer, de los derechos humanos y las libertades fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural y civil o en cualquier otra esfera” (CEDAW, 1979: Artículo 1). De esta manera, los Estados parte de la Convención deben tomar las medidas necesarias, tanto en términos de reformar las leyes y la Constitución como en cuanto al cuidado de los derechos de las mujeres. Otro de los instrumentos internacionales es la Convención Interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer, Convención de Belem do Pará del 5 de marzo de 1995, de la Organización de Estados Americanos (OEA). Esta convención reconoce la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre y la Declaración Universal de los Derechos Humanos. “Para los efectos de esta Convención debe entenderse por violencia contra la mujer cualquier acción o conducta, basada en su género, que cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como en el privado.” (Belem do Pará, 1995:1). 

Por último, en relación con el reconocimiento de la vulnerabilidad, impacto desproporcionado en el conflicto y discriminación de la mujer Manuel José Cepeda, evidencia 10 riesgos de género en el marco del conflicto armado:

1.    Violencia, explotación o abuso sexual;

2.    Explotación o esclavización por labores domésticas atribuidas a las mujeres;

3.    Reclutamiento de hijos o hijas cuando la mujer es cabeza de familia;

4.    Riesgo por el contacto familiar o personal con miembros de algún grupo armado;

5.    Riesgo por pertenencia a grupos sociales, lucha por los Derechos Humanos, labores de liderazgo en zonas de conflicto armado;

6.    El riesgo de persecución y asesinato por las estrategias de control coercitivo del comportamiento público y privado de las personas que implementan los grupos armados ilegales en extensas áreas del territorio nacional;

7.    Riesgo de asesinato o desaparición de su proveedor económico;

8.    Riesgo de ser despojadas de sus tierras con mayor facilidad debido a la histórica subordinación de las mujeres en términos de la propiedad privada;

9. La vulnerabilidad y discriminación acentuada de mujeres afrodescendientes e indígenas y;

10.  Riesgo de pérdida de su proveedor económico durante el desplazamiento. Lo anterior reviste importancia toda vez que las mujeres, las niñas y los niños representan el 70 por ciento de la población desplazada en ese mismo año.

Propuesta Conceptual: Movimientos Sociales y Paz[8]

Lo que se pretende en este apartado es dejar claro qué se entiende por movimiento social, qué se entiende por paz positiva y por qué no hacemos referencia al concepto de género. Como se dijo en la introducción, el feminismo se definirá en los siguientes apartados.

Un movimiento social nace a partir de unas redes sociales preexistentes. Los integrantes del movimiento, preocupados por construir una identidad colectiva, entran al escenario porque han tenido contacto con esas redes solidarias. No se puede equiparar un movimiento social con un partido político debido a que el segundo tiene, entre otras diferencias, un interés electoral. “Los movimientos sociales son formas de acción colectiva que responden a dos condiciones:

1)    son siempre expresión de un conflicto social (y no sólo “respuestas” a una crisis), es decir, son expresión de la oposición entre al menos dos actores por la apropiación o el control de recursos que ambos valoran;

2)    tienden a provocar una ruptura de los límites de compatibilidad del sistema dentro del cual se hallan situados: normas o reglas de procedimiento en el caso de un sistema organizativo o de un sistema político, y formas de apropiación o de distribución de los recursos sociales en el caso de un modo de producción” (Giménez, 1994:5). 

Es importante establecer el momento en el que los movimientos sociales por la paz en Colombia se fortalecen. En su libro Movimiento por la paz en Colombia 1998-2003, Mauricio García Durán S.J., cita textualmente a Mauricio Romero para ilustrar la situación, ya que según Romero los movimientos por la paz son “(…) una de las acciones colectivas más significativas de la sociedad colombiana en los últimos 25 años, y sin temor a equivocación, la más importante de la década de los noventa. La búsqueda de la paz, la defensa de la vida y el rechazo a la violencia constituyeron la motivación principal para la movilización social en la década (ante) pasada (…)” (García Durán, 2006: 10). 

Por otro lado, el concepto de paz será el de la paz positiva, entendida como la situación en la que se dan la paz natural, la paz positiva directa, la positiva estructural y la paz positiva cultural en un escenario en el que los conflictos se pueden resolver de manera creativa, sin tener que recurrir a la violencia. No se entiende como la negación de la violencia. Y esta tipología de paz que propone Galtung es contraria a la tipología de la violencia. Para efectos de este folleto y siguiendo la propuesta del autor en su libro Paz por medios pacíficos, “(…) nos quedaremos con la distinción entre violencia directa, deliberadamente dirigida a insultar las necesidades básicas de otras y otros (incluida la naturaleza), violencia estructural, que incorpora esos insultos a las estructuras sociales y mundiales en forma de explotación y represión, y violencia cultural, que se refiere a los aspectos de la cultura (como religión y lenguaje) que legitiman la violencia directa y estructural. La paz negativa, la paz en negativo, es la negación de todo eso” (Galtung, 2003:69). 

Para terminar, no se hace referencia al género debido a que según la definición que propone Lola Luna éste es el discurso de la diferencia entre los sexos y de ahí se deriva que no sólo existe la supuesta relación hombre/mujer, sino que también hacen parte de la categoría las lesbianas, los homosexuales, las y los transgénero, las y los bisexuales y las y los indefinidos, lo que hace de esta categoría algo mucho más amplio. A su vez, no se pretende identificar un enfoque de género en las prácticas y en los discursos de los movimientos; la intención se enfoca en los principios de paz y los presupuestos feministas. 

El Feminismo y su Relación con la Paz[9]

En este apartado se evidencia el rechazo de las feministas frente a los conceptos de militarización y seguridad, que caracterizan al orden patriarcal. Esto, con la intención de mostrar la cercanía entre el feminismo y el concepto de paz positiva. 

Para las feministas que se estudian en esta investigación el problema no está en cambiar la ley o en las reflexiones teóricas; está en la acción directa de las mujeres. Las mujeres feministas que se consideran en este trabajo, son las pacifistas y antimilitaristas. Rechazan la visión de seguridad adoptada en Occidente, ya que para ellas ésta no es la protección contra la agresión. Tiene que ver más bien con la satisfacción de las necesidades básicas de la población y con la protección de los derechos ya que, de hecho, la primera definición parte de la simple supervivencia y no del aprovechamiento de la vida. La seguridad nacional ha estado basada en supuestos equivocados, la militarización y la satisfacción de intereses particulares no terminan con los conflictos sino que los aumentan. Betty Reardon encuentra fuertes vínculos entre la guerra y la discriminación contra las mujeres, debido a que no sólo en los combates se ve esa necesidad de superioridad. La violencia contra las mujeres es más fuerte en países militarizados. De la misma manera, y siguiendo a Reardon, la perspectiva masculina de la paz suele ser la dirigida a la ausencia de guerra y a lo que tiene que ver con la prevención del conflicto armado. 

Para Paul Smoker, Ruth Davies y Barbara Munske, los conceptos de paz y seguridad que manejan los movimientos feministas son radicales, “las posiciones feministas en estos temas son ambos, auténticamente radicales y profundamente conservadores. Son radicales en su insistencia dirigidas a las raíces del conflicto, la violencia y la guerra.  Y son conservadores en sus objetivos primarios y sus métodos que se implementan para proteger la vida humana y a la Sociedad; para preservar los logros humanos y el medio ambiente sobre los que depende el futuro; y mantener, extender y nutrir las redes de relaciones personales y sociales que constituyen comunidades humanas”. (Smoker, Davies y Munske, 1999:136).

Según el Movimiento de Objeción de Conciencia del Paraguay, “para el feminismo el tema del poder ha sido objeto de atención creciente, sobre todo a lo que hace a su monopolio masculino y a la discriminación en el acceso de la mujer al mismo. El control ha sido otro de los puntos destacados por el movimiento feminista, basado en la experiencia directa del control del hombre sobre la mujer. El debate sobre el poder y el control que se da en el feminismo, es similar al debate que se da en el anti-militarismo sobre la dominación; son dos maneras y lenguajes de hablar de un mismo fenómeno” (MOC-Paraguay, 2004). Por esto, para el MOC el militarismo tiene relación con el patriarcado por tratarse de dos sistemas de dominación. En ese orden, “la cultura patriarcal es una de las bases de la cultura militarista, porque se basa en la dominación de un sexo sobre otro, en la asignación autoritaria de un papel social que establece una desigualdad beneficiando sólo a una parte. La cultura militarista también es una de las bases de la cultura patriarcal porque la lógica amigo-enemigo, la respuesta violenta a los conflictos o la organización vertical/autoritaria son características militares que potencian y justifican en última instancia el control patriarcal de la sociedad” (Sánchez, 2008: 45). Es importante notar que, como ya se ha venido insinuando, el conflicto colombiano le imprime características específicas a los movimientos. Las integrantes son mujeres que como bien lo dice Cynthia Cockburn, decidieron organizarse colectivamente en oposición a la guerra y al militarismo, con el fin de replantearse el orden social y conseguir la paz. Porque “(…) no es suficiente equilibrar la representación de las mujeres en la esfera de lo público y lo político (paridad), sino que es obligado enmarcar los otros niveles de la realidad, la cultura, la sociedad, la escala de valores bajo el sesgo que el feminismo aporta” (Miyares, 2003:18). 

3.     CUÁL ES EL ORIGEN DEL DÍA DE LA MUJER (Y POR QUÉ SE CONMEMORA EL 8 DE MARZO)[10]

Se conmemora el Día Internacional de la Mujer, formalizado por Naciones Unidas en 1975.

Este especial día, en palabras de la ONU, “se refiere a las mujeres corrientes como artífice de la historia y hunde sus raíces en la lucha plurisecular de la mujer por participar en la sociedad en pie de igualdad con el hombre”.

Pese a haberse convertido en una jornada global en pro de la igualdad, muchas personas aún se preguntan cuál es su origen y qué llevó a que el 8 de marzo obtuviera este reconocimiento internacional.

Para explicarlo, hay que echar la vista atrás: a las protestas que desembocaron en toda una revolución. A finales del siglo XIX y principios del XX.

“Los mujeres y hombres son creados iguales”[11]

El Día Internacional de la Mujer tiene sus raíces en el movimiento obrero de mediados del siglo XIX, en un momento de gran expansión y turbulencias en el mundo industrializado, en el que la mujer comenzó a alzar cada vez más su voz.

La vida de la mujer en Occidente por aquel entonces era una continua historia de limitaciones: ni derecho a voto, ni a manejar sus propias cuentas, ni formación y con una esperanza de vida mucho menor que la masculina por los partos y los malos tratos.

Un ejemplo de esa creciente inquietud y debate entre mujeres se encuentra en 1848, cuando las estadounidenses Elizabeth Cady Stanton y Lucretia Mott congregan a cientos de personas en la primera convención nacional por los derechos de las mujeres, en Estados Unidos.

Ambas mantuvieron que “todos los hombres y las mujeres son creados iguales” y exigieron derechos civiles, sociales, políticos y religiosos para el colectivo.

Entonces, recibieron burlas, especialmente en cuanto al derecho de las mujeres a votar, pero pusieron una semilla que en los siguientes años fue creciendo, destaca la ONU en un especial sobre el activismo de la mujer a lo largo de los años.

En 1913, las mujeres ya protestaban por el derecho a votar en Estados Unidos. En esa época, eran frecuentes las protestas también para pedir mejores condiciones de trabajo.

En este contexto, los historiadores coinciden en destacar como antesala directa del Día Internacional de la Mujer la marcha de mujeres que se vivió en Nueva York en 1908, cuando unas 15.000 se manifestaron para pedir menos horas de trabajo, mejores salarios y derecho a votar.

Un año después de ello, el Partido Socialista de América declara el Día Nacional de la Mujer, que se celebra por primera vez en EE.UU. el 28 de febrero.

En ese contexto, irrumpe en escena una mujer que pasaría a la historia como la impulsora del día de la mujer internacional: la comunista alemana Clara Zetkin.

Zetkin sugirió la idea de conmemorar un día de la mujer a nivel global en 1910 en la Conferencia Internacional de la Mujer Trabajadora en Copenhague (Dinamarca).

Su propuesta fue escuchada por un centenar de mujeres procedentes de 17 países y aprobada de forma unánime, aunque sin acordar una fecha concreta.

Clara Zetkin, una de las revolucionarias más destacadas del siglo XX.

Un año después, se celebra el primer Día Internacional de la Mujer, el 19 de marzo de 1911, reuniendo a más de un millón de personas en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza. Además del derecho de voto y de ocupar cargos públicos, se exigió entonces el derecho al trabajo de la mujer, a la formación profesional y a la no discriminación laboral.

No obstante, en sus inicios, “la conmemoración (también) sirve de protesta contra la I Guerra Mundial”, recuerda la ONU. Y ahí se encuentra una de las claves de por qué se acabó eligiendo la fecha del 8 de marzo.

Rusia y la I Guerra Mundial[12]

Hay diferentes versiones de que por qué se eligió esta fecha en concreto. Pero la ONU destaca la importancia de los acontecimientos que se vivieron en Rusia, en medio de las protestas contra la Gran Guerra.

“En el marco de los movimientos en pro de la paz que surgieron en vísperas de la Primera Guerra Mundial, las mujeres rusas celebraron su primer Día Internacional de la Mujer el último domingo de febrero de 1913. En el resto de Europa, las mujeres celebraron mítines en torno al 8 DE MARZO del año siguiente para protestar por la guerra o para solidarizarse con las demás mujeres”, recuerda el organismo.

En 1917, y como reacción a los millones de soldados rusos muertos, las mujeres de ese país vuelven a salir a las calles el último domingo febrero, bajo el lema “pan y paz”.

En 1917 en Rusia, miles de mujeres se lanzaron a las calles contra la guerra, una protesta que desembocó en la revolución y marcó la fecha del Día Internacional de la Mujer.

Se trata de una huelga que continúa varios días y acaba forzando la salida del zar.

“Los trabajadores de la metalúrgica se unieron a su protesta (de las mujeres) pese a que los Bolcheviques veían la movilización de las mujeres como precipitada. El 25 de febrero, dos días después de que comenzara la insurrección de las mujeres en el Día Internacional de la Mujer, el zar ordenó (…) disparar si fuera necesario para acabar con la revolución de las mujeres”, explica la historiadora estadounidense Temma Kaplan, en “Sobre los Orígenes Socialistas del Día Internacional de las Mujeres”.

La medida del zar fracasó y en su lugar comenzó “la revolución de febrero”, dice Kaplan, que acabó con la abdicación del zar Nicolás II ese mes de marzo.

El éxito de las mujeres rusas se consagró poco después: el gobierno provisional que se formó tras la retirada del zar, les reconoció el derecho a voto.

La fecha en la que comenzó esa huelga de las mujeres rusas en el calendario juliano, entonces el de referencia en Rusia, fue el domingo 23 de febrero. Ese mismo día en el calendario gregoriano fue el 8 de marzo, y esa es la fecha en que se celebra ahora.

Mujeres de todo el mundo siguen reclamando igualdad a diario y luchando contra la violencia contra las mujeres, como en esta manifestación por ese último motivo en México en 2018.

En 1945, se forman las Naciones Unidas para fomentar la cooperación internacional tras la devastación de la II Guerra Mundial y la Carta de este organismo multilateral se convierte en el primer acuerdo internacional que consagra la igualdad entre mujeres y hombres.

Tres décadas después, en 1975, la ONU establece y celebra por primera vez el Día Internacional de la Mujer el 8 de marzo, coincidiendo con el Año Internacional de la Mujer.

¿Hay Razones para Seguir la Lucha…?

La respuesta la damos con los datos publicados más recientes de la propia ONU:

  • Sólo uno de cada cuatro parlamentarios son mujeres a nivel mundial.
  • En 2018, solo el 9,8% de países en el mundo tenían jefas de Estado o de gobierno.
  • Una de cada tres mujeres sufre violencia a lo largo de su vida.
  • 830 mujeres mueren cada día de causas evitables relacionadas con el embarazo.
  • Y hasta 2086 no se cerrará la brecha salarial si no se contrarresta la tendencia actual.

BIBLIOGRAFÍA

Braidotti, R.: Sujetos nómades, Paidós, Bs. As. en J. Butler y E. Laclau (1999), “Los usos de la igualdad” en Debate Feminista, Año 10, Vol. 19, México, edición de abril.

Castells, C. (comp.) (1996): Perspectivas feministas en teoría política, Paidós, Barcelona.

Gomáriz, E. (1992): “Los estudios de género y sus fuentes epistemológicas: periodización y perspectivas” en AAVV, Fin de Siglo- Género y cambio civilizatorio, Santiago, Isis Internacional- Ed. de las Mujeres Nª 17.

L. Nicholson (comp.) (1994): Feminismo/posmodernismo, Feminaria Editora, Buenos Aires.

Stoltz Chinchilla, N.: “Ideologías del feminismo liberal, radical y marxista”, en M. León (comp.) (1982): Sociedad, subordinación y feminismo, ACEP, Bogotá.

Uría, P., Pineda, E., Oliván, M. (1985): Polémicas feministas, Revolución, Madrid.

G. Vargas Valente: “Nuevos derroteros de los feminismos latinoamericanos en los 90” en C. Olea (comp.) (1998): El movimiento feminista en América Latina, Ed. Flora Tristán, Lima.


[1] Gamba Susana. Feminismo: historia y corrientes. En Diccionario de Estudios de Género y Feminismos. Editorial Biblos, 2008. En: http://www.mujeresenred.net/spip.php?article1397

[2] ¿Cuál es la definición de “feminismo”? Una pista: no es lo contrario de “machismo”.  La Fundación del Español Urgente (Fundéu), promovida por la Agencia EFE y BBVA, marzo de 2018,

[3] Algunos antecedentes históricos del feminismo.  https://www.elnuevodiario.com.ni/opinion/73199-algunos-antecedentes-historicos-feminismo/

[4] Gutiérrez Esteban, Prudencio y Luengo González María Rosa, Los Feminismos en el Siglo XXI: Pensamientos Diversos. Universidad de Extremadura España, 2018.

[5] López, Elsa. Qué es el feminismo: 10 claves para entenderlo, en: https://www.glamour.mx/tu-vida/articulos/que-es-el-feminismo-10-claves-para-entenderlo/13605 México, Septiembre de 2019.

[6] Tafur Rueda, Mariana. La construcción de paz desde el feminismo: una comparación de los movimientos de mujeres, la ruta pacífica y la red nacional de mujeres, sus discursos y prácticas en el escenario colombiano. Pontificia Universidad Javeriana, Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, Carrera de Ciencia Política. Bogotá D.C. 2011

[7] Op. Cit.

[8] Op .Cit.

[9] Op. Cit.

[10] Redacción BBC Mundo. Cuál es el origen del Día de la Mujer (y por qué se conmemora el 8 de marzo), Londres Inglaterra, Marzo de 2019.

[11] Op. Cit.

[12] Op. Cit.

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