La revolución de las mujeres mexicanas

Por: Karla Motte

En noviembre de 1910 estalló la primera revolución social del siglo XX. Es común recordar las hazañas militares y también las disputas políticas entre diferentes grupos que buscaron el acceso al poder; pero la Revolución Mexicana también incidió en otras esferas, entre ellas, la vida de las mujeres. Aunque en la época no se reconocían todavía los derechos políticos de las mujeres, eran tiempos de cambio y muchas mujeres adquirieron conciencia de la legitimidad de la lucha contra el porfiriato.

Adela Vela, quien inspiró la denominación de toda una generación de mujeres revolucionarias.

En la época, la ideología liberal nutría al pensamiento de la oposición, y varias mujeres se unieron a diversos clubes, que eran un método organizativo de participación política. Por ejemplo, a principios de siglo en el Club Liberal Sebastián Lerdo de Tejada de Veracruz militaron varias mujeres, que tomaron la decisión de fundar un club femenil denominado Benito Juárez. Otro club conformado por mujeres fue Las Hijas del Anáhuac, que se fundó en 1904 y estaba conformado por mujeres obreras.

Cuando sobrevino la represión gubernamental en contra de los liberales antiporfiristas, algunas mujeres tuvieron que salir del país. En 1904, junto con Camilo Arriaga y Ricardo Flores Magón, salieron del país las escritoras de oposición Juan B. Gutiérrez de Mendoza, Elisa Acuña y Sara Estela Ramírez.

En un momento clave para la conformación de un grupo opositor, la actividad política conjunta de hombres y mujeres fue fundamental. Paulatinamente las fuerzas contrarias a la reelección de Porfirio Díaz en 1910 se fortalecieron y se agruparon, primero, en torno a la figura del general Bernardo Reyes, quien al salir del país dejó su capital político en la candidatura de Francisco I. Madero. Cuando este último desconoció el resultado de la elección, que le daba el triunfo nuevamente a Porfirio Díaz, los ánimos se encendieron y derivaron en la toma de las armas.  

Muchas mujeres respondieron al llamado de Madero en su Plan de San Luis para unirse a la lucha desde el 20 de noviembre de 1910, ya fuera como combatientes, soldaderas o brindando servicios a las tropas. Desde ese momento la irrupción de ejércitos combatientes, las asonadas militares y la violencia implicaron un contexto de transformación para toda la población.

Muchas mujeres se unieron a las filas revolucionarias.

De algunas conocemos sus nombres y su obra gracias a los documentos que escribieron, o referencias a sus luchas; pero hay un sinnúmero de mujeres que de forma anónima colaboraron con las facciones revolucionarias, asistieron al Congreso Feminista de 1916 en Yucatán, organizaron a otras mujeres de sus comunidades, se unieron a “la bola”, defendieron a sus compañeras de las agresiones de los militares que arrasaban pueblos enteros, y exigieron mayor igualdad entre hombres y mujeres. Se trató de una lucha colectiva que cambió al país, y cambió también la forma de ser mujer.

Para conocer más, recomendamos el libro La Revolución de las mujeres en México, del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México.

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