Las trampas del amor romántico

Rosario Castellanos y Elena Garro fueron dos mujeres brillantes, cuyas obras se consideran pilares de la literatura mexicana.

Sus historias de vida nutren a la perspectiva crítica sobre el amor romántico, con consecuencias para la vida de todas las mujeres.

En 1950, mientras estudiaba en España, Rosario Castellanos, brillante escritora le escribía así a quien se convertiría en su esposo, el filósofo Ricardo Guerra:

“Sé que antes de conocerlo era yo una persona completamente distinta de la que soy ahora y que tal como me ha hecho le pertenezco. El que usted me sea fiel o no, no me hace variar de actitud. Yo le seré fiel siempre, a toda costa. No me interesa coquetear con nadie. Lo amo a usted. Si usted me falla, si por cualquier motivo nuestro amor no puede realizarse, yo no quiero volver a saber nada de amor con nadie, yo quiero vivir completamente sola y sin que nadie me hable de estas cosas. A usted no puedo substituirlo con nadie. Lo amo a usted, con exclusión del resto del mundo. Lo amo a usted aunque tenga niñitas y aunque las ame a ellas y aunque no me ame a mí. Lo amo y lo amo. Y estoy furiosa.

Madrid, 6 de noviembre de 1950

Las infidelidades de Ricardo Guerra fueron constantes, aun así Rosario Castellanos rompió los paradigmas patriarcales de su época, a pesar de las dificultades que representaba el entorno machista universitario, del que su marido formaba parte.

*****

La escritora Elena Garro se casó con Octavio Paz en 1937.

Él esperaba de ella a una esposa tradicional, encargada de los asuntos domésticos en la esfera del hogar.

A pesar de los límites de un orden patriarcal, que buscaba minar la confianza en sí misma, Elena Garro siguió escribiendo y su obra literaria se considera una brillante aportación de las letras mexicanas.

Elena Garro declaró que con Octavio Paz:

“Me sentía incómoda […] porque era muy pedante, sabía tanto… Y me criticaba mucho […] Pero al mismo tiempo discutíamos mucho sobre poesía.”

Proceso, 30 VIII, 1998.

Paz y Garro se divorciaron en 1959. El romance tórrido entre ambos y la prominencia cultural del autor del Laberinto de la Soledad fueron factores que incidieron en que la obra de la escritora fuera infravalorada.

Independientemente de su relación con Octavio Paz, las aportaciones de Elena Garro a las letras y la cultura mexicana han rebasado fronteras. Actualmente, se le considera como una de las fundadoras del realismo mágico latinoamericano.

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