Contra la feminización de la pobreza

Por: Carol Arriaga @CarolBArriaga

Desde la década de 1970, las feministas comenzaron a poner atención a la forma en la que se concentraba la riqueza en función del género. Los más ricos son los varones, al tiempo que las más pobres son mayoritariamente las mujeres. Además, tras analizar las diferencias entre los hogares encabezados por mujeres y por varones, se logró entender que había una relación entre el incremento en los niveles de precarización y el ingreso que ellas percibían. Este fenómeno era notorio pero poco estudiado, y se le denominó “feminización de la pobreza”.

La pionera de este análisis fue la socióloga y trabajadora social estadounidense Diana Pearce, quien formuló una serie de hipótesis sobre las causas de esta situación. Gracias a este y a los estudios sobre el tema en América Latina, sabemos que las causas de la feminización de la pobreza son: discriminación hacia las mujeres, falta de apoyo para que accedan a la educación y puedan desarrollarse profesionalmente, violencia de género y brecha salarial. Además, los roles de género orillan a las mujeres a invertir su tiempo en labores domésticas y trabajo de cuidados que no son remunerados, lo que suele implicarles tiempo e incluso impide su participación activa en el campo laboral.

Según fuentes oficiales, alrededor de 15 millones de niñas en el mundo no aprenderán a escribir, mientras la cifra de niños asciende a 10 millones. La diferencia es notable. Por otra parte, se considera que hay 300,000 mujeres que anualmente mueren por causas relacionadas con el embarazo, y según datos de la ONU, en 18 países los esposos todavía pueden impedir legalmente que sus esposas trabajen. Además, a nivel mundial, las mujeres ganan alrededor de 23% menos que los hombres.

El caso mexicano también arroja cifras preocupantes sobre la feminización de la pobreza, las cuales nos llaman a cerrar la brecha. Según datos del INEGI, en México 6 de cada 10 mujeres rurales viven en condición de pobreza, mientras que el CONEVAL indica que una cuarta parte de los hogares son sostenidos económicamente por una mujer, de los cuales 8.4% se encuentra en situación de pobreza. Otra situación alarmante es que por cada 100 hombres con seguridad social, sólo 62 mujeres gozan de este derecho.

Uno de los más grandes retos de la Cuarta Transformación es justamente aminorar las condiciones de pobreza de la población y, en razón de que existe una brecha en el ingreso que estadísticamente ha pauperizado más a las mujeres, esta meta va directamente en beneficio de las más pobres.

Por lo pronto los datos presentados recientemente por la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo de INEGI indican que ha habido un incremento en el ingreso de la población más desfavorecida: el 20% de las y los trabajadores más pobres aumentaron su ingreso un 24% durante el año pasado.

Así concluimos que las mujeres tienen mayores probabilidades de encontrarse en situaciones de pobreza, y esto provoca muchos problemas en sus vidas no sólo por las carencias materiales más evidentes, sino también por la vulnerabilidad frente a las adversidades y la inseguridad. Por lo tanto, la lucha contra la pobreza en general es una política que se debe dirigir también a acabar con las profundas desigualdades a las que se enfrentan solo por el hecho de ser mujeres.

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