Objetividad feminista: periodismo y libertad de expresión de las mujeres

Por: Estefanía Camacho* @unaestefania

Ya éramos feministas y no lo sabíamos. En la práctica y en nuestras acciones, cada que coincidíamos con otra mujer y nos preguntábamos por qué nuestras experiencias se parecían más de lo que pensábamos, para bien o para mal.

Daba miedo decir la palabra, nada más. Sobre todo en la escuela de periodismo en donde te enseñaban que no podías tener ninguna ideología que pudiera sesgar tu “objetividad”. Podías ser de izquierda o profesar alguna fe, pero aguas con que lo hicieras público porque toda tu “credibilidad” se perdía y como periodista, la credibilidad es lo único que tienes.

No me refiero a que el feminismo se inserte en esa equivalencia dogmática, pero en aquél momento cargaba ese estigma. La objetividad en la historia del periodismo, según la academia, la habían construido hombres: Ricardo Flores Magón, John Reed, Julio Scherer, Vicente Leñero, Carlos Marín, Hunther S. Thompson, Truman Capote…y podría seguir. Si acaso salía el nombre de Poniatowksa o el de Oriana Fallaci, o algunos de generaciones más recientes, pero no hubo una lección de historia de las mujeres en el periodismo, cuando el feminismo y el periodismo han ido de la mano desde tiempos -que se tenga registro- de Leona Vicario.

Entonces, claro, llegar a un espacio dominado principalmente por hombres podía resultar intimidante y las periodistas tenían que recurrir a la supervivencia del más apto para, ya no decir ascender, simplemente permanecer en un puesto en medios.

Después de la universidad (2014) teníamos que buscar periodistas que fueran abiertamente feministas y solo algunos nombres brotaban, quizá no porque faltaran mujeres periodistas feministas, sino que ellas no estaban en un solo lugar reunidas ni gritaban su postura fuerte al mundo.

Y había algunas que decían, de nuevo, no ser feministas porque eran “objetivas”; otras, como Marcela Turati, lo anunciaban sin tapujos, quien también contaba su travesía para llegar a esa declaración pública. Nadie dijo que había que salir del clóset feminista, pero hacerlo es político y necesario.

Sí existía una agenda de mujeres periodistas que ya empujaban temas con perspectiva de género (que se apega más al término idílico de “objetividad”), pero no era frecuente ni estaba en los medios predominantes.

No busco responsables, a mí también me daba miedo auto denominarme públicamente como feminista y hasta decía que era periodista con “perspectiva de género”, como si uno no dependiera del otro o no fuera inherente, pero matizaba esa palabra que a algunos incluso les espantaba.

Hace unos tres años todavía enfrentaba en redacciones la batalla por posicionar temas “feministas” o por lo menos con perspectiva de género, (entonces no imagino siquiera cómo era hacerlo hace 15 o 20 años). Me decían que por qué siempre quería hablar sobre las mujeres, así fueran temas económicos o de emprendimiento, de tecnología o de música y luego me decían que les gustaba mi cobertura porque no era “tan intensa”, lo cual incluso me hizo reconsiderar autonombrarme ahora sí, feminista, para que sepan que sí es con intensidad o como debió haber sido siempre.

Todo este tiempo los hombres han hablado de sí mismos, se han dado autocobertura y han dictado las normas de lo que debe ser el periodismo. Por eso, principalmente. Pero como en todo, hasta en el diseño de asientos de automóviles, nunca contemplaron a las mujeres y creyeron que podían abordar los temas como un todo. Error.

Y al menos en mi generación de comunicadoras, periodistas, fotógrafas, parece haber más unión y cohesión, o por lo menos más apertura: nos escuchamos y nos repetimos “no estamos solas”. No “damos voz”, con esa verticalidad impuesta, la cedemos. Oímos a otros y a nosotras. Dejamos atrás la competencia, esa idea en el periodismo por abarcar rápido y antes todo el espacio, una idea patriarcal.

Conozco a más de 100 periodistas mujeres que quieren hacer las cosas diferentes, que defienden sus temas como las heroínas que son, que no permiten el acoso laboral ni la discriminación, que quieren representatividad correcta y no violenta en las portadas de los medios más importantes, porque para violencia, la que vivimos diario, incluso sí, dentro de nuestras redacciones.

Siempre pienso que si tienes una redacción llena de personas machistas u hombres misóginos, lo más probable es que la información que produzca sea igual. Entonces, ¿cuál objetividad?

Desde luego me pareció sorprendente que la periodista feminista Laura Castellanos en su columna “La rabia de las jóvenes feministas cimbra al gobierno de AMLO” escribiera que funcionarios de primer nivel, como el subsecretario de Gobierno, Ricardo Peralta, mantuvieran encuentros con directivos de empresas periodísticas para pedirles que disminuyeran el número de notas sobre violencia contra las mujeres, bajo la promesa de recibir contratos de publicidad oficial, que yo sé cuánto impactó a los medios porque en 2019 fui despedida por el quiebre de la empresa Capital Media.

Me sorprendió y entristeció porque si tanto trabajo ha costado a las periodistas mujeres hacerse un lugar en los medios, pelear por los temas feministas y abogar porque la cobertura a las violencias y los feminicidios sea correcta y suficiente, se hable de “matizar” esa crisis entre directivos hombres y el gobierno.

Digo directivos hombres, porque la organización Periodistas Unidas Mexicanas (PUM) dio a conocer la disparidad de género en puestos directivos de los medios y encontró que solo 2 de cada 10 cargos en directorios de medios son de mujeres.  

Si no se asumen feministas, si no son periodistas, no importa, lo ideal al menos como mujeres sería exigirles a los responsables de quienes informan que lo hagan con responsabilidad y con esa “objetividad” y rigor que juran tener. Por lo menos como una forma de respeto a esas periodistas en la historia que prometieron la libertad de expresión a la generación siguiente, para hacer valer ese estigma con el que cargaron al nombrarse feministas, pero sobre todo, por el respeto a nuestra dignidad como mujeres y a nuestra inteligencia.


*Periodista feminista. Colaboradora en distintos medios mexicanos como Expansión, Revista Cambio, Gatopardo, Vice en Español y Yahoo! en Español.

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