La Bicicleta, un vehículo de emancipación de las mujeres

La bicicleta se inventó hacia inicios del siglo XIX, aunque tardó mucho en popularizarse y fue hasta finales del mismo siglo que inició su trayectoria ascendente, hasta llegar a su actual fama como la mejor opción, ecológica y sostenible, de transporte. Su uso modificó radicalmente la movilidad en todo el mundo y para las mujeres, además, fue un vehículo de emancipación.

Hacia 1890 el uso de la bicicleta comenzó a volverse accesible tanto en espacios rurales como urbanos y muy pronto muchas mujeres comenzaron a adoptarlo para la vida cotidiana. Como respuesta, cundieron las críticas machistas hacia quienes se atrevieron a montar en bicicleta. Incluso, algunos médicos consideraron que las mujeres corrían muchos riesgos, como la esterilidad o el aborto. En la época, además, se creyó que el ejercicio las apartaba a ellas de sus responsabilidades dentro del hogar.

A ello se sumaban las condenas morales. Por ejemplo, se llegó a afirmar que andar en bicicleta influía en la excitación sexual de las mujeres o que les quitaba el pudor. La vestimenta, además, debía modificarse para montar cómodamente bicicleta y en lugar de falda se comenzaron a utilizar los “bloomers” o pantalones abombados, cuestión que se consideró como un símbolo de inclinación a la lesbiandad.

Pronto se analizó la relación de andar en bicicleta con la emancipación femenina. En 1896, por ejemplo, la sufragista estadounidense Susan B. Anthony escribió que:

La bicicleta ha hecho más por emancipar a las mujeres que cualquier otra cosa en el mundo. Le da una imagen libre con un sentimiento de autonomía y de feminidad sin límites. La Nueva Mujer elige trabajar fuera de casa, esquivar el rol tradicional de esposa y madre e involucrarse activamente en el movimiento por sus derechos y otros temas sociales. Estas mujeres se ven iguales ante los hombres y la bicicleta les ayuda a lograrlo. Les transmite autonomía para ir más allá de los barrios donde viven y les brinda una nueva sensación de libertad que hasta ahora estaba atrapada entre los patrones culturales de la época, reflejados sobre todo en su vestimenta.

A pesar de la resistencia inicial hacia el ciclismo femenino, las ventajas de montar en bicicleta, no únicamente en términos de movilidad, sino de emancipación para las mujeres, ganaron espacio y cada vez más tomaron a este vehículo como un símbolo de libertad. En el presente, continúa como un gran instrumento de desplazamiento y empoderamiento femenino.

Conoce más sobre cómo la bicicleta contribuyó a la emancipación femenina con el texto La mujer y la bicicleta en el siglo XIX de Rosa María Sáenz García.

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