Maternidad, disidencias sexo-genéricas y desarrollo humano

Por: Enma Obrador Garrido Domínguez*

@feminauta

Entre los debates recientes en México se encuentran varios derechos humanos de las mujeres, que se colocan en tela de juicio y a criterio de la opinión pública. Las opiniones al respecto están permeadas por fuertes muros de resistencia ideológica fundamentalista, enraizada en viejas prácticas que resultan violatorias de nuestras libertades fundamentales como humanas.

Traigo a la reflexión la lucha feminista y del movimiento amplio de mujeres por hacer visible que hemos estado viviendo en un sistema económico, político, social, que nos discrimina y tutela; que nos considera “incapaces” para decidir sobre nuestros cuerpos. Sistema llamado “PATRIARCADO”, el cual ha utilizado los marcos normativos para mantener a las mujeres sometidas y, al perpetuarse, nos sigue oprimiendo.

Este sistema patriarcal ha tenido un control de la reproducción de la especie por medio de la intervención de los cuerpos de las mujeres. Se han creado una serie de roles y estereotipos sobre los cuerpos sexuados y, de esta forma, a las mujeres se nos enarbola la maternidad, y a un tipo de madre (hegemónico) que mandata ser “abnegadas” y “sacrificadas por la familia”. También, considera que las hijas y los hijos son obligación casi exclusiva de las mujeres, y exige labores de cuidados sin pago con dobles o triples jornadas de trabajo, las cuales, a pesar de beneficiar a la colectividad, no se reconocen socialmente.

La sociedad avanza, no es estática y es momento de hacer una transformación social; de reconocernos como personas todas diversas y todas con derechos. El artículo 4° de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos señala que:

La mujer y el hombre son iguales ante la ley. Ésta protegerá la organización y el desarrollo de la familia.

Toda persona tiene derecho a decidir de manera libre, responsable e informada sobre el número y el espaciamiento de sus hijos…

Sin embargo analizando esta disposición desde la perspectiva de género, preguntamos si los hombres deciden desde las mismas oportunidades de vida que las mujeres, el número de hijas e hijos que desean tener. O sí a los hombres la procreación les limita en su desarrollo estudiantil o profesional, como nos sucede a las mujeres.

Hasta ahora no he sabido que sea obligatorio, como política pública o se tipifique que los hombres se hagan la vasectomía después de un número determinado de hijos o hijas. No se les ha obligado a usar condón y, en muchos casos, ni siquiera cumplen con la pensión alimenticia para su progenie.

En muchos casos las mujeres no podemos decidir sobre el número de hijas o hijos, pues hay todo un sistema que decide por nosotras indirectamente. Hoy en día en México muchas mujeres y niñas necesitan interrumpir sus embarazos y la normatividad no lo permite, permeada por la idea básica de que es necesario tutelar nuestros cuerpos (el estado decide valorar “la vida desde la concepción”), limitando nuestros derechos sexuales y reproductivos y condenándonos a la clandestinidad.

Desde este contexto es importante desnaturalizar la idea de familia hegemónica, “padre, madre e hijos”, para reconocer que en México siempre hemos existido familias diversas, integradas de muchas formas. Existimos personas que más allá de nuestro sexo biológico, tenemos preferencias sexuales y afectivas que difieren de la heterosexual. Existimos personas disidentes del sistema sexo-género.

Las mujeres podemos ser madres sin necesidad de relacionarnos sexual o afectivamente con hombres con la inseminación artificial; asimismo muchas mujeres nos descubrimos lesbianas después de haber estado relacionadas con hombres y después de ser madres. Ser lesbianas no nos hace menos madres o irresponsables. La maternidad es elección y no destino.

Lo anterior no debe ser óbice para el reconocimiento a nuestros derechos como humanas. Por el contrario, es aquí donde el estado y los gobiernos tienen la obligación de crear marcos normativos y políticas públicas que nos permitan vivir con dignidad y con un óptimo desarrollo humano.

La transformación social será posible.

El reconocimiento a las libertades de las personas ocurrirá cuando comprendamos que somos parte de esta maravillosa tierra. El reto es aprender a convivir todas las personas más allá de “tolerarnos”, reconociéndonos como humanas.

*Lesbiana, Feminista, Abogada, Defensora de Derechos Humanos de las Mujeres.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s