Morena debe velar por la legitimidad en su dirigencia y en la lucha feminista

Editorial de La Regeneración

El 9 de octubre, el Instituto Nacional Electoral (INE) emitió el resultado de la encuesta nacional para la renovación de la dirigencia de morena, en la que se declaró un empate técnico para la presidencia, entre los diputados Porfirio Muñoz Ledo y Mario Delgado. El proceso ha sido sumamente desaseado y ha ahondado la profunda crisis política en la que desafortunadamente se ha enfrascado el partido.

Desde la validación por parte del Tribunal Electoral del Congreso Nacional Extraordinario realizado el 26 de enero del 2020, en el que se eligió a Alfonso Ramírez Cuéllar en un interinato que debía durar cuatro meses, el máximo órgano electoral se inmiscuyó de forma irregular, atípica y poco transparente en la vida interna de nuestro partido. Ocho meses después, nos encontramos en un embrollo que parece no tener salida.

La encuesta abierta a nivel nacional se enmarcó en una serie de irregularidades como la acusación del ilegal uso de recursos públicos por parte de algunos candidatos, filtraciones del órgano electoral, la publicación de un audio de pase de charola para dos candidaturas y una metodología poco clara. Sin embargo, se continuó con el proceso y, tras darse a conocer el resultado, el diputado con licencia Porfirio Muñoz Ledo se adjudicó el triunfo a pesar de que el INE declaró un empate técnico entre él y Mario Delgado, y una segunda vuelta.

Además de las inconsistencias descritas, a inicios de septiembre al menos dos usuarias de redes sociales hicieron públicos episodios en los que sufrieron acoso sexual por parte de Porfirio Muñoz Ledo. Frente a esta situación, un grupo de jóvenes feministas acudió a tomar la sede de morena ubicada en la Colonia Roma con el objetivo de impedir la toma de protesta del diputado con licencia, quien declaró que asumiría el cargo a pesar de que el INE no le había dado el triunfo, es decir, accedería sin legitimidad.

Desde la Secretaría Nacional de Mujeres de morena, se ha insistido en que la violencia de género debe erradicarse, y que ningún acto que atente contra la seguridad de las mujeres puede ser tolerado. Para ello, se han propuesto vías institucionales como el Protocolo para la paz política y la iniciativa Adiós a los machirrines, con el objetivo de avanzar en una cultura más igualitaria y libre de violencias.

En este contexto tan crítico para el partido, es natural que haya surgido suspicacia sobre la estrategia de las compañeras feministas que tomaron morena. Las acusaciones contra Porfirio Muñoz Ledo son graves, pero para erradicar la violencia es importante atender a las vías institucionales y sobre todo, pacíficas. Siguiendo el ejemplo de la lucha democrática encabezada por Andrés Manuel López Obrador, es importante repetir que ningún acto violento debe ser tolerado y mucho menos, aquellos que ahondan en la fractura interna que hoy atenta contra el proyecto de la Cuarta Transformación.

Debemos insistir en que, en caso de ser ciertas, las acusaciones deben investigarse por las vías conducentes. Celebramos la valentía de las jóvenes que hoy alzan la voz, pero también es necesario decir que la disputa por el poder en la que hay dos varones enfrentados, con mujeres que están en la primera línea de batalla, repite los esquemas patriarcales de hacer política. La integridad de todas las mujeres es primordial y es muy grave que se hayan colocado en situación de riesgo para impedir la ocurrencia ilegítima de un candidato que decidió no apegarse a las reglas del juego.

Es condenable que un personaje que presuntamente ha ejercido violencia sexual, incluso con agravantes como haber atentado contra de menores de edad, pretenda dirigir el partido de izquierda más grande e importante de América Latina. Sin embargo, la utilización coyuntural de la agenda feminista en un momento tan crítico para el partido levanta justas sospechas de enmarcarse en una disputa personalista que no contribuye en nada con la causa de las mujeres, e incluso impone cuestionamientos a esta lucha.

La situación de crisis política dentro del partido se coloca en contra de la continuidad del proyecto de la Cuarta Transformación, construido con muchísimo esfuerzo de forma genuina por ciudadanos y ciudadanas libres. El partido puede y debe cumplir su misión histórica, de respaldar el proyecto del presidente Andrés Manuel López Obrador y también velar por la legitimidad, tanto de la dirigencia como de la lucha feminista, tan necesaria en nuestros tiempos.

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