La lucha contra la violencia política de género, entrevista con Cynthia Galicia, abogada

Por: Nancy López

Este año se aprobó la reforma que incorpora la violencia política de género en nuestra legislación, cuestión que representa un gran avance para visibilizar la violencia que viven las mujeres que participan en la vida política de México. Por ello, conversamos con Cynthia Galicia, abogada feminista, académica y consultora en materia de género y derechos humanos de las mujeres, para profundizar sobre el tema.

Nancy López: ¿Qué importancia tiene que se haya integrado este concepto en la legislación?

Cynthia Galicia: Este término o lo que nosotros ahora pensamos que es la “violencia política” o por razones de género es algo que ha ido evolucionando junto con otras refomas de la paridad o que tienen que ver con ella, y es muy importante que se haya aprobado a nivel nacional, porque ello implica que un buen número de entidades federativas la está reconociendo en sus códigos electorales estatales, lo que supone una mayor homogeneidad, mediante la llamada armonización legislativa, para la aplicación y ejercicio de los derechos de las mujeres. Y es que independientemente de que existiera un protocolo para la atención de la violencia política elaborado por el Tribunal Electoral, la realidad es que no se aplicaba de la misma manera, puesto que ello dependía de la entidad en la que te encontraras.

Actualmente, con la aprobación de la reforma a nivel federal vamos a empezar a ver un proceso de armonización legislativa mucho más acelerado, en donde los estados a los que les falta legislar en esa materia pronto van a aceptar. Digamos que ya existe un contexto histórico que respalda la lucha por la participación política de las mujeres, la cual se ha gestado desde hace mucho tiempo.

Ahora bien, una parte del trabajo es la cuestión legislativa y otra es la de difundir esta nueva norma para que se pueda poner en práctica y que las mujeres ejerzan su derecho a vivir una vida libre de violencia política.

Eso implica que el Estado ahora nos reconoce como igualmente ciudadanas.  

 NL: ¿Qué acciones implican violencia política de género?

CG: La violencia contra las mujeres en la política debe distinguirse de la de género o de aquella contra la sociedad en general porque tiene una motivación específica, que en este caso es la de restringir, limitar u obstaculizar su participación política en aquellos órganos que están autorizados para que una persona pueda participar legítimamente en los tres poderes y en aquellos espacios donde puedan actuar dentro de la política, tales como su comunidad, un partido político, etcétera. Este tipo de violencia restringe o anula la participación por razones de género y tiene como fin la discriminación por ser mujer, por ejemplo cuando se le otorga un trato diferente o se le excluye de ese ámbito de lo político.

Es una limitación al ejercicio de ciudadanía de las mujeres, una especie de aleccionamiento para que no participen en la política ni en la vida pública y para regresarlas a ámbitos privados, que son los que supuestamente les corresponden, y la manera de comunicarlo es violenta.  

Esto puede ocurrir en cualquier esfera de la política: en la participación comunitaria, en el partido, en las instituciones públicas y al trabajar en el gobierno; incluso las magistradas del Tribunal Electoral han denunciado que viven violencia política de género porque se han sentido discriminadas mediante el trato que reciben.

Este tipo de violencia puede ser perpetrada por cualquier persona o grupo de personas, no necesariamente es un hombre quien la perpetúa, también pueden ser otras mujeres, candidatos, integrantes de partidos políticos, servidores públicos, autoridades gubernamentales, funcionarios, autoridades electorales y todos los que participen en la vida política pública.

Se puede presentar como una agresión física o una agresión sexual con el fin de menoscabar o anular derechos políticos: en forma de proposiciones, acercamientos, tocamientos, amenazas, intimidación, restricción del derecho a los votos, difamación, calumnias, injurias y una infinidad de situaciones que tienen por finalidad evitar la participación o inducir a que se abandone el cargo.

Cuando una mujer siente que está viviendo violencia política de género la mayoría de las veces la está viviendo. El consejo que yo le daría a quien quiera presentar una denuncia es consultar la lista de situaciones que se pueden sancionar en la Ley Modelo Interamericana de Violencia Política o en el Protocolo del INE, en donde se definen todas las formas y todos los medios procesales a los que se puede acceder por derecho, porque la violencia política de género no sólo se puede denunciar dentro del partido, también es un delito en México.

NL: ¿Cómo afecta la violencia política de género al ejercicio de la ciudadanía de las mujeres y a la participación política partidista?

CG: Algo muy importante que hay que considerar es que todas las estructuras o instituciones democráticas fueron creadas desde un ejercicio de la política masculina, y las mujeres se introdujeron en ellas cuando ya estaban constituidas; por eso algunos varones sienten que estas cuotas de paridad y la equidad en la participación política podrían limitar de algún modo el ejercicio de sus derechos. Sin embargo, para que nosotras seamos ciudadanas plenas tendríamos que ser consideradas por los otros participantes como igualmente capaces, o igualmente humanas, como decimos las feministas.

              Identificar todas las formas de violencia política nos ha permitido reconocer que a pesar de que existe la paridad las mujeres seguimos limitadas, porque aunque ocupemos los curiles se restringen nuestras voces y las posibilidades de presentar iniciativas de ley, o si trabajamos en el gobierno los puestos están sesgados o se cincunscriben a los institutos de las mujeres.

              Ahora tenemos un gobierno que tiene un gabinete paritario, la mitad hombres y la mitad mujeres, pero en la práctica seguimos teniendo sesgos de género: tendríamos que fijarnos mucho en quién participa para saber si efectivamente hay un ejercicio pleno del poder y de la ciudadanía por parte de las mujeres o ver si se llegó a un cargo por ser mujer o porque está liderado por un varón, por ejemplo. Desafortunadamente nos hace falta un largo trecho por recorrer.

             La violencia política de género puede hacer alusión al cuerpo, la sexualidad o la identidad personal, que son cosas que entre los varones permanecen en un ámbito privado. Incluso podemos ver agresores identificados plenamente como acosadores sexuales que no van a ser sancionados ni removidos de sus cargos. También, la idea de la igualdad en la participación política no es tan igual: mientras sigamos viendo paneles llenos de hombres y con una que otra mujer, o hasta que no sean 50 y 50 con el mismo ejercicio de la voz y del poder o que el voto femenino valga igual que el masculino, no podremos hablar de igualdad plena.

NL: ¿Cuáles son los retos en la vida política de nuestro país para erradicar la violencia política de género?

CG: Efectivamente, ahorita nosotros seguimos evaluando los riesgos, mapeándolos, pensando en los que corre una mujer cuando toma la decisión de participar en política y en qué forma se expone, y si seguimos viendo que tiene riesgos diferenciados en razón del género, entonces quiere decir que hay mucho por hacer. Por ello buscamos trabajar como comunidad de mujeres unidas, para que las demandas de las que participan en política se recaben y se discutan los problemas a los que se han enfrentado en el partido, en el gobierno y en la vida política y decidamos entre todas qué se puede hacer con las cuestiones que nos afectan. Por ejemplo, lograr que los etiquetados de los presupuestos para las mujeres se respeten y se consideren de la misma jerarquía que otras secretarías, y que dicho presupuesto llegue a las mujeres para su formación política. Es deber del Estado garantizar a las mujeres una ciudadanía plena y la participación libre de violencia en el ejercicio de la política. Para ello se debe tener claro que la violencia política es una forma de discriminación en función del género y constituye una violación a los derechos humanos. No hay que olvidar que las mujeres seguimos viviendo exclusiones y aún quedan muchos protocolos por activar y medidas que tomar contra la violencia política de género.

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