“Los locos años veinte”, y la libertad de las mujeres

¿Alguna vez has visto las fotografías antiguas, donde las mujeres aparecen con collares largos, vestidos flojos sin corsé y el cabello corto? 

Esas mujeres vivieron en los años veinte y en muchas partes del mundo se les conoció como flappers, en referencia a los vestidos relativamente cortos que usaban y que los críticos decían que “aleteaban” (flapped). En México se les conoció como “las pelonas”. Corría el año de 1924 y México se encontraba en las postrimerías del conflicto revolucionario; la vida política era una constante disputa y en la vida social otros conflictos se suscitaban, como el de la mujer moderna. 

Las mujeres mexicanas de los años veinte adoptaron las modas extranjeras provenientes de Europa y Estados Unidos, y que se difundieron con velocidad gracias al cine mudo. Las nuevas tendencias en la vestimenta, el maquillaje, la música y los cortes de cabello de las mujeres causaron revuelo por significar una ruptura con la tradición. Las jóvenes dijeron adiós al apretado e incómodo corsé, al vestido largo, a la cintura de avispa y se subieron la altura de la falda, optando por vestidos sueltos que las dejaran moverse con más libertad; se deshicieron de peinados laboriosos, se cortaron las trenzas y se dejaron el pelo corto, cambiaron sus sombreros de plumas y flores por otros más simples y ligeros. En los salones de baile abandonaron los ritmos lentos del vals y se les vio moverse con soltura “alocada” y rapidez al ritmo vertiginoso del jazz band, del fox trot, cheek to cheek, charleston y black bottom, que se consideraban bailes indecentes. Se popularizó la figura espigada de la mujer atlética y muchas comenzaron a practicar deporte en forma —aunque parezca extraño, antes de esa época no era nada común que las mujeres ejercitaran sus cuerpos— pronto, las tablas gimnásticas fueron parte de las rutinas en las escuelas, lo que significó también la apertura de nuevas oportunidades profesionales para las mujeres en este campo. 

Estos cambios en la apariencia y comportamientos “ligeros” de las mujeres no fueron del agrado de la sociedad, que pronto puso el “grito en el cielo” y mucho menos de los hombres, que decían que el pelo corto y los vestidos flojos las hacían ver poco atractivas, por parecer hombres. La incomodidad ante la decisión de las mujeres de vestirse y moverse con libertad y desobedecer estándares de feminidad tradicionales fue tal, que muchas fueron blanco de insultos y agresiones físicas en las calles. Sin embargo, eso no las detuvo: la libertad había llegado para quedarse. 

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