Leona Vicario, independentista de la patria y del pensamiento de la mujer

Pocas mujeres destacaron en la guerra de independencia, más por el ambiente hostil de la época en contra de las mujeres que por la falta de acción de las mismas, sin embargo, una destaco por sobre sus compañeros al llevar la causa independentista más allá de una ideología patriótica y sembrar las bases de lo que sería la independencia del pensamiento y actuar de las mujeres.

Originaria de la Ciudad de México, Leona Vicario Fernández de San Salvador, nació en 1789 y huérfana desde los diecisiete años, heredó la fortuna familiar en años en los que el ambiente social y político mexicano y mundial eran hostiles, en Europa Napoleón Bonaparte invadía España y en México los ánimos independentistas se manifestaban cada vez más.

Para 1810 con 21 años de edad Leona Vicario se unió a la rebelión disponiendo no solo de su voluntad, sino de la fortuna familiar para apoyar la causa independentista. Su labor era la de proporcionar los insumos necesarios para los combatientes en batalla, neceseres para los heridos y facilitar la comunicación entre los adheridos a la causa con sus familias y los altos mandos.

En 1813 fue declarada culpable, encerrada en prisión y recluida en el Colegio de Belén después de negarse a dar información que comprometiera al movimiento independentista y entregar a sus compañeros a cambio de su libertad. La detención se dio después que fuera interceptado un mensajero provocando la captura de Leona Vicario, sin embargo, su reclusión fue por poco tiempo pues logró escapar y convertirse en prófuga huyendo a Oaxaca.

Ya en Oaxaca, Vicario se hizo acompañar de Quintana Roo, con quien, al poco tiempo, a la edad de 24 años contraería nupcias. Ya como esposos continuaron apoyando y luchando en la causa independentista. Al poco tiempo, como consecuencia del apoyo mostrado a Morelos y al Congreso de Chilpancingo, este último la nombró benemérita.

Por casi siete años la pareja independentista mantuvo su apoyo a los rebeldes desde la facilidad que les permitía la lejanía y olvido de los lugares donde se refugiaban y en los que vivieron privados de comodidades hasta que, en 1820, con el triunfo de la independencia se les permitió volver a la Ciudad de México.

Para este punto Leona se retiro de la vida publica no sin antes dejar en la opinión publica y en el ambiente político un malestar que ocasionaba frecuentes criticas hacia su persona, su actuar y principalmente a las motivaciones que la impulsaron al movimiento independentista. Especialmente resalta un hecho ocurrido con Lucas Alamán, entonces ministro de Relaciones Interiores y Exteriores del gobierno de Anastasio Bustamante quien subestimo sus verdaderas intenciones al catalogarlas como un simple heroísmo romancesco por Quintana Roo y no un verdadero patriotismo.

A lo que, la benemérita Leona Vicario contesto “Confiese U. Sr. Alamán, que no solo el amor es el móvil de las acciones de las mujeres; que ellas son capaces de todos los entusiasmos, y que los deseos de la gloria y de la libertad de la patria, no les son unos sentimientos extraños, antes bien suelen obrar en ellas con más vigor, como que siempre los sacrificios de las mujeres, sea cual fuere la causa por quien los hacen, son más desinteresados y parece que no buscan más recompensa de ellas, más que la e que sean aceptados. (…)

Por lo que a mí me toca, mis acciones y opiniones han sido siempre muy libres, nadie ha influido absolutamente en ellas, y en este punto he obrado siempre con total independencia, y sin atender a las opiniones que han tenido las personas que he estimado. (…)

En todas las naciones del mundo ha sido apreciado el patriotismo de las mujeres, ¿por qué mis paisanos, aunque no lo sean todos, han querido ridiculizarlo como si fuera un sentimiento impropio de ellas? ¿qué tiene de ridículo que una mujer ame su patria y le preste los servicios que pueda, para que a éstos se les dé por burla el título de heroísmo romancesco?” enmarcándose así, la primera defensa pública de la libertad e independencia de acción y de pensamiento de la mujer.

Once años después de la carta, en 1842, Leona Vicario murió y ahora sus restos descansan en la Columna e la Independencia de la Ciudad de México.

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