¿Afrodescendientes o negros? Debates sobre autoadscripción y racismo

Por: Nancy López

En la posrevolución quedó evidenciada la vasta diversidad cultural de nuestro país, y la política del Estado mexicano se enfocó en fomentar la unidad de la población y forjar una identidad nacional. De este modo, se difundió la idea de que los y las mexicanas somos resultado de la mezcla entre dos “razas”: la blanca y la indígena. Esta mezcla nos identifica como mestizos, pero ¿y los descendientes de africanos traídos durante la colonia? A esta población se le dejó de lado en aquel relato.

Fotografía: Israel Frias Angel

Por fortuna, en el censo del 2020 el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) incluyó, por primera vez en la historia, una pregunta que permitíó la autoadscripción identitaria de las personas como afrodescendientes – afromexicanos/as o negros/as. El resultado fue que 1.16% de la población se identificó con este grupo humano. Esta inclusión supone un gran logro en la lucha por los derechos de la población afrodescendiente, que por muchos años estuvo invisibilizada en la historia de nuestro país.

Aún queda mucho por hacer al respecto del reconocimiento de los derechos de la población afromexicana, pero el reto principal en téminos de sociabilidad y de la vida cotidiana es desmontar los prejuicios, esencialismos, imágenes, chistes y esterotipos racistas que persisten en contra de estos grupos. Por ejemplo, dudar de la nacionalidad mexicana de una persona afrodescendiente, considerarles menos aptos para tareas intelectuales, poner apodos referentes al color de su piel, comparar sus rasgos físicos con los de otras especies,  asociarles con conductas deshonestas o estereotipar las características del cuerpo de las mujeres. 

Recordemos que las ideas racistas (y todos lo que las engloba) promovió durante mucho tiempo, tanto en México como en otras partes del mundo, la esclavización de las personas de origen africano, comunmente llamadas “negras, mulatas, pardas, morenas o prietas”.

¿Afrodescendientes o negros?

La autoadscripción es “el acto voluntario de personas o comunidades que, teniendo un vínculo cultural, histórico, político, lingüístico o de otro tipo, deciden identificarse como miembros de un grupo, en la mayoría de los casos reconocido por el Estado nacional”. Cuando el INEGI lanzó la pregunta algunos de los obstáculos fueron que algunas personas no reconocían la palabra afrodescendiente o afromexicano y, en otros espación de mayorías indígenas, tampoco como personas negras. Sin duda en este reconocimiento impera la subjetividad de cada persona y las razones por las cuales no logre identificarse de una u otra forma pueden ser diversas, pero entre una de ellas, puede estar presente la historia de racismo o las discriminaciones sufridas, las cuales pueden derivar en una negación.

Ante esto también puede surgir la duda de cómo se nombran o cómo nombrarles. Esta es una discusión extensa entre varios colectivos, académicos y personas estudiosas del tema y que debe ser tratado con cautela para no imponer ideas.

Por un lado, hay quienes apuestan por la propuesta del cambio positivo de las narrativas, de formas que nombrar situaciones o grupos no perpetúe los significados coloniales que les dieron origen, como es el caso de la palabra negro/a, cuya historia remite a la esclavitud y al racismo científico que justificó el contrabando de personas de origen africano.

Para muchos, continuar usando este apelativo significa darle vigencia a una historia de opresión, deshumanización y homogenización, además de reducir la diversidad a un color. En realidad, la pigmentación de la piel existe es muy variada, y más bien se ha apostado por el reconocimiento de la descendencia de pobladores originarios de África como afrodescendientes, o bien, ligando esa descendencia al país de residencia, afromexicano/a. De este modo las asociones del color a lo malo o a lo negativo dejan de vincularse con las características de las personas.

Sin embargo, también hay colectividades que consideran que dejar de hablar de “lo negro” significa negar la historia de opresión y de resistencia de los pueblos, así como de los proyectos para alcanzar derechos y reconocimiento. Llamarse “pueblo negro” es una forma de reivindicación de su historia y su cultura, y forma parte del empoderamiento y orgullo. Lo negativo y pernicioso del uso de este apelativo depende de quien lo observe, como es el caso de las personas racistas.

El combate al racismo promueve que las ideas racistas asociadas a lo negro se desvanezcan y las personas y comunidades puedan ser llamadas como negras, con orgullo y dignidad.

De una forma u otra es imprescindible identificar y combatir todas las expresiones que intenten vulnerar, deshumanizar, violentar, a cualquier persona o grupo humano con características físicas y culturales distintas a las propias. No olvidemos que la riqueza se encuentra en la diversidad y el respeto.

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