El derecho que necesitamos para decidir sobre nuestros cuerpos

Por: Marcela Villaseñor

Cuando hablamos socialmente de embarazos no deseados o no planeados, algunas personas suelen opinar con base en estigmas, prejuicios y conservadurismo.

“México ocupa el primer lugar a nivel mundial en embarazos en adolescentes entre las naciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, con una tasa de fecundidad de 77 nacimientos por cada mil adolescentes de 15 a 19 años de edad”[1] pero la responsabilidad de estos embarazos va más allá de pensar que las adolescentes o mujeres “no nos cuidamos” al tener relaciones sexuales. Para ello, es pertinente señalar que la sexualidad y la reproducción son más complejas de lo que algunas personas llaman comúnmente “calentura”, y más bien se trata de una responsabilidad compartida entre hombres y mujeres.

Lo ideal es que al iniciar la vida sexual contemos con diversos elementos, y la garantía de acceso a los Derechos Humanos en materia de salud, educación, trabajo digno, libre determinación e independencia, no discriminación, acceso a la información científica y laica, a la vida libre de violencia, entre otros.

Una persona adolescente: mujer u hombre, requiere de todos los elementos indispensables para poder decidir el momento en que desean iniciar su sexualidad. En especial las mujeres necesitamos todos los derechos garantizados por el Estado y sus instituciones, así como las condiciones óptimas de vida para tomar decisiones libres, no sentirnos presionadas por la sociedad, los medios de comunicación o las condiciones sociales en las que vive cada una.

La educación sexual desde las infancias es sumamente importante para ayudarles a identificar los genitales por su nombre y no con palabras inventadas. Ayudaría a que las niñas y niños identifiquen que todas las personas tenemos órganos sexuales y que deben ser cuidados con higiene, pero sobre todo, identificar que estas partes nadie más las puede tocar, ni la vulva, ni el pene (no se asuste, así se llaman nuestros genitales, las mujeres tenemos vulva y los hombres pene). Esto haría que las infancias tomen poder de la información y determinación para prevenir abuso sexual infantil.  Imagínese usted como persona adulta, llegar con el personal médico y decirle “Doctor(a) me duele el pajarito”, o “tengo algo en mi palomita, ahí en el tesoro que nadie debe tocar”. Pues así de absurdo es negar el derecho a la información para las infancias, que además pueden estar expuestas a cualquier riesgo de abuso sexual.

Mientras algunas personas piensan que hablar de salud sexual promueve e incita al sexo salvaje y al pecado más obsceno en la adolescencia o juventudes; lamento decirle que NO. La Educación Sexual (laica y científica), nos permite prevenir abusos sexuales, conocer la diversidad existente de métodos anticonceptivos, identificar las formas de violencia que se pueden vivir con las parejas afectivas o no, aprender sobre el sexo seguro (si aquí aplica la abstinencia como otra opción) y de sexo protegido con métodos anticonceptivos para mujeres y para hombres (porque también es de ellos la responsabilidad del cuidado y autocuidado), se puede aprender que la sexualidad no solo es coito, sino que abarca la reproductividad, el erotismo y la vinculación afectiva.

La educación sexual nos da el poder a las mujeres de decidir sobre nuestro cuerpo, prevenir infecciones y cuidar de nuestra autoestima.

Las mujeres no nacimos solo para reproducirnos y tener bebés, las mujeres somos diversas y tenemos deseos, sueños, aspiraciones, sentimientos, pensamientos y nos enfrentamos a diferentes situaciones que pueden hacer que un embarazo no planeado o no deseado pueda cambiar nuestra vida totalmente.

Una niña, adolescente, joven, mujer, puede quedar embarazada por muchas razones, por ejemplo: falta de información, porque tenía ganas de tener sexo (lo cual es válido), por abuso sexual o violación (recuerden esto puede darse con conocidos, desconocidos, familiares y hasta novio o marido). Pero ¿qué pasa si esta niña, adolescente, joven o mujer no está lista para estar embarazada? ¿qué pasa con la salud de esas niñas y adolescentes que sus cuerpos aún no están listos física ni psicológicamente para gestar? ¿qué pasa si no se tienen las condiciones económicas mínimas y necesarias para ellas? ¿o el empleo con un sueldo digno, tiempos de lactancia, de cuidados para maternar? ¿qué pasará con su educación, con los estigmas, con las experiencias de vida que tocan en las etapas de cada una? Y así podríamos continuar.

La Interrupción Legal del Embarazo es una opción para las mujeres que lo necesitan porque falló un método anticonceptivo (casadas o no casadas), por condiciones médicas, violación, no desean vivir una vida llena de violencia, desean continuar con sus estudios o carrera profesional, no cuentan con redes de apoyo o la más importante: porque no pueden o no desean continuar con el embarazo.

Puede que usted esté o no de acuerdo con la interrupción, pero esa decisión solo depende de la niña, adolescente, joven o mujer. Piense un momento, ¿alguna vez le han pedido hacer algo contra su voluntad y lo ha hecho? ¿cómo se sintió, si una o varias personas le presionaron? Pues esa es la presión que tienen y sienten las mujeres que necesitan interrumpir su embarazo, con una sociedad punitiva.

Es importante que sepamos que las mujeres han abortado históricamente. Estas mujeres fueron nuestras amigas, madres, abuelas, vecinas, tías, conocidas, hijas y han usado métodos poco seguros, lo han hecho de manera clandestina porque no había hospitales que garantizaran sus derechos a la salud, lo hicieron solas, sin nadie que les tomara de la mano, o varias veces porque no sabían o no las dejaban utilizar un método anticonceptivo. Porque no tenían dinero para mantenerse, tenían parejas violentas o lo hicieron sin que sus familias lo supieran. Acudieron al aborto sin personal médico capacitado y amable o sin procedimientos seguros, por lo cual muchas perdieron la vida o fueron encarceladas.

Interrumpir un embarazo, no es un deseo placentero, un pacto con el diablo o costumbre; es una necesidad. No es un método anticonceptivo que se usa cada mes como algunos creen, es un procedimiento seguro que actualmente se hace con medicamentos o aspiración manual, haciéndolo poco invasivo para las mujeres.

En México y América Latina las mujeres mueren por abortos clandestinos, por no tener dinero para pagar servicio de salud privado, por usar métodos inseguros, porque emocionalmente creen que no pueden continuar con sus vidas. Solo en 2019 se registraron 695 muertes maternas en el país, de las cuales 66 (9.5%) corresponden a menores de 20 años; entre las que se incluyen seis casos de niñas de 10 a 14 años.[2]

El aborto y la Interrupción Legal del Embarazo seguirán existiendo. Aquí el planteamiento es si nos volvemos aliadas de las mujeres, jóvenes, adolescentes y niñas que nos necesitan, o nos volvemos cómplices de un sistema machista, patriarcal y violento, que nos obliga a morir por no brindarnos el derecho a la salud y a una vida digna y libre de cualquier forma de violencia.


  1. https://www.dgcs.unam.mx/boletin/bdboletin/2021_729.html#:~:text=M%C3%A9xico%20ocupa%20el%20primer%20lugar,a%2019%20a%C3%B1os%20de%20edad.
  1. http://estadistica.inmujeres.gob.mx/formas/tarjetas/Madres_adolescentes.pdf

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