Las mujeres de cara a la reforma eléctrica

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Por: Carol Arriaga

Durante la primera mitad del siglo XX, el nivel de electrificación era tan sólo del 44%, y la intervención del gobierno fue fundamental para asegurar el abastecimiento del servicio en todo el país. López Mateos llevó a cabo la “mexicanización” del sector en 1960, y desde entonces nos advirtió:

“Les devuelvo la energía eléctrica, que es de la exclusiva propiedad de la Nación, pero no se confíen porque en años futuros algunos malos mexicanos identificados con las peores causas del país intentarán por medios sutiles entregar de nuevo el petróleo y nuestros recursos a los inversionistas extranjeros”.

En 2013, en detrimento del interés público, en el gobierno de Peña Nieto se realizaron reformas constitucionales para que la industria eléctrica se pudiera convertir en un multimillonario negocio a favor de los particulares, especialmente extranjeros, y en su inmensa mayoría hombres.

El Poder Legislativo cedió a cambio de “moches” mientras los medios masivos socializaban la idea de que la CFE era una empresa incompetente, pues el gobierno venía descuidándola para favorecer su declive.

Este 30 de septiembre, el Pdte. López Obrador presentó una iniciativa para reformar la Constitución y revertir el modelo privatizador del sector eléctrico, argumentando que la generación y distribución de energía es estratégica para el desarrollo económico. De consolidarse, sería una de las reformas más relevantes del sexenio, pues es un punto de inflexión en la consolidación de la transformación nacional.

Con ello, se está despertando un intenso debate sobre el rumbo del sector eléctrico y energético desde dos visiones opuestas. Una neoliberal y otra soberana. La primera ha llevado a la divulgación de mentiras y llega al ridículo de asegurar que se van a expropiar paneles solares en las viviendas. La segunda es patriótica y visionaria, frente a los retos planetarios de abastecimiento a bajo costo para la población y las empresas.

Para las mujeres mexicanas una de las mayores preocupaciones es la economía, sobre todo la familiar. La pobreza es una de las violencias que más afectan a las mujeres en su cotidianeidad y que directamente impactan en sus hogares, espacios preponderantemente femeninos.

Por eso es importante que seamos actoras políticas principales en este gran debate nacional. Tomemos ejemplo de las mujeres de 1938 quienes fueron solidarias con la expropiación petrolera, proyecto que encabezó Lázaro Cárdenas.

En aquella época miles de mujeres lucharon en la tercera transformación de México apoyando los procesos de nacionalización con donaciones voluntarias que resultan muy conmovedoras, varias fueron pioneras del feminismo y a ellas debemos muchas de las libertades de las cuales hoy gozamos.

Combatamos el neoliberalismo voraz y patriarcal y asegurémonos que haya una regulación del Estado a favor de nuestro bienestar. No podemos permitir que impere la desigualdad o que nos rija la especulación en un sector tan trascendental y estratégico como el energético.

Porque a nosotras si nos interesa el precio de la tortilla y de la luz, porque nosotras sí somos las Señoras de la Casa y las Señoras de este gran país que es México.  Participemos, difundamos, opinemos, critiquemos y exijamos a las y los legisladores que nos representan un cambio a nuestro favor. ¡Democraticemos las decisiones!

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