Neoliberalismo, mujeres y crisis de salud

La gastronomía tradicional mexicana es deliciosa, incorpora una gran cantidad de ingredientes de todos los grupos alimenticios y es reconocida a nivel mundial por su historia y complejidad. Sin embargo, desde principios de la década de 1980 con el ascenso del modelo neoliberal en nuestro país, se incorporaron paulatinamente una gran cantidad de alimentos chatarra que afectaron de manera negativa en la dieta y la salud de los mexicanos. 

El neoliberalismo fue un modelo político y económico que disminuyó el gasto público en áreas sociales para privilegiar las inversiones de capital privado en todas las áreas. Con la introducción de grandes corporaciones en la industria alimentaria, sobre todo de corte transnacional, la comida rápida, los alimentos enlatados y ultraprocesados, así como el exceso de azúcar y sodio, se abrieron paso entre la población y desplazaron a la comida saludable. 

La publicidad introdujo ideas manipuladas y erróneas sobre estos productos, difundiendo la idea de que eran modernos, sanos y adecuados. Además, la cocina tradicional mexicana se transformó y se comenzaron a utilizar saborizantes, grandes cantidades de sal y a incorporar los refrescos en lugar de las aguas frescas o de sabor. Se difundió también la idea de que las mujeres modernas utilizaban alimentos procesados, sobre todo con el objetivo de ahorrar tiempo. 

Las consecuencias del modelo neoliberal han sido desastrosas en la salud, por ejemplo, en la prevalencia de diabetes e hipertensión. Estas enfermedades vinculadas a la mala nutrición son una manifestación de la crisis de soberanía alimentaria, la modificación del modelo ejidal en 1992 que desplazó a comunidades agrarias. Los índices de obesidad, por otra parte, son mayores en las mujeres y con este proceso de chatarrización ellas han sufrido de un notable deterioro de su salud.

Los problemas de sobrepeso revelan una brecha de género importante, pues son las mujeres las más afectadas en trastornos de sobrepeso y de alimentación relacionadas con una mala calidad alimenticia. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud 2018, en la población de 20 años o más, los hombres (42%) reportan una prevalencia más alta que las mujeres (37 por ciento). Sin embargo, las mujeres muestran una mayor cantidad de grasa abdominal y mayor incidencia de enfermedades asociadas. 

Un estilo de vida sano es fundamental para el empoderamiento femenino, pero también es necesario comprender que la solución no es individual, sino social y colectiva. El sistema neoliberal contra el que lucha la Cuarta Transformación es parte de un camino hacia vidas más sanas, para todas las personas y en particular, para las mujeres.

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