¿Qué diantres es eso de la revocación de mandato?

Por: Carol Arriaga

Básicamente, existen dos formas de remover a una persona electa constitucionalmente antes de cumplir el periodo para el cual fue elegida. Una es a través del juicio político a cargo de un órgano judicial y la otra es mediante la revocación de mandato, la cual funciona a través del voto directo de la ciudadanía. 

La revocación de mandato es un instrumento de democracia directa justamente porque es la ciudadanía quien decide con su voto sobre la permanencia o ratificación de la persona electa, o bien, sobre su remoción o destitución anticipada.

Esta figura existe, cuando menos en 26 estados de los Estados Unidos, en algunos cantones de Suiza, y en países como Bolivia, Ecuador, Colombia, Perú y Venezuela. La figura ha sido utilizada principalmente a nivel estatal y municipal. Aunque en Venezuela la revocación fue impulsada por los opositores de los presidentes Hugo Chávez en 2004, y recientemente en marzo de este 2021, contra Nicolás Maduro.

En México es un procedimiento novedoso, aunque desde 1997 está prevista en el estado de Chihuahua, hasta el momento no se ha aplicado.

La revocación chihuahuense viene a desestimar gran parte de los argumentos de los partidos opositores a MORENA, pues ellos fueron quienes la aprobaron para su aplicación en esa entidad federativa.

En septiembre de este 2021, se aprobó en México la Ley Federal de Revocación de Mandato que permite la remoción, ni más ni menos, que del presidente de la República. 

Sin embargo, en nuestro país, la democracia es enrarecida por los propios detractores del presidente López Obrador. Hoy ellos gozan de una oportunidad inigualable: la de revocar al presidente de cuyo gobierno tanto se quejan. ¡Hasta una ley tienen a su favor! Pero en vez de impulsar su remoción como ha sucedido en Venezuela, son ellos mismos los que boicotean este ejercicio democrático y ciudadano. 

Incluso, el propio Instituto Nacional Electoral en vez de mostrarse como garante del buen desempeño de la vida democrática nacional, ha dado claras muestras de apatía y rechazo. 

Si bien, su realización implica gastos, el INE está lejos de proponer acciones congruentes al principio de austeridad republicana y se resiste a reducir sus elevados costos de operación que son vergonzosos.

Pareciera que el INE se olvida de la tremenda desigualdad que caracteriza a nuestro país y que impacta negativamente en la democracia. Es natural el hartazgo de la ciudadanía frente a la política, la cual está más preocupada por comer que por votar. 

Mientras el interés mayúsculo del Instituto está en conservar sus prerrogativas y evitar reducir sus gigantescos e injustificables gastos, tenemos que el 1% y el 10% de las personas más ricas concentran, respectivamente, el 29% y el 59% de los ingresos totales, y que las mujeres trabajadoras dedican además de las actividades remuneradas, de 40 a 45 días al año en labores domésticas, mientras los hombres sólo de 16 a 15 días, siendo las mujeres pobres las que más labores domésticas realizan. 

A pesar de este escenario desolador que se ha venido repitiendo a través de los años, la participación de las mujeres en la vida democrática del país ha sido fundamental para el desarrollo nacional. Miles de mujeres anónimas e invisibles participaron en la Independencia y en la Revolución, en la expropiación petrolera, en el cerco pacífico en el Senado contra la reforma energética y más recientemente en la consulta popular solicitando juicio político a los expresidentes y ahora fomentando el escrutinio al presidente a través de la revocación del mandato.

Esta figura, aunque incipiente e imperfecta, viene a darle una bocanada de aire fresco a nuestro país. Es una válvula de escape frente al sistema patriarcal y al neoliberalismo rapaz y opresor que ha dado pie a la vergonzosa desigualdad social y económica que afecta tanto a las mujeres mexicanas (y hombres), para participar de manera más directa en la vida pública del país y con ello frenar, cuando sea necesario, la impúdica dominación de una generación de machos políticos que se han enriquecido a nuestras costillas. 

¡Viva la democracia, vivan las mujeres!

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