La invención de la dama es la invención del amor

Por: Nashielli Manzanilla Mancilla

Se dice que el amor nació en la Edad Media, porque las practicas amorosas que conocemos, como el cortejo, las lamentaciones y el trato “especial” a las mujeres, nacieron ahí, en el siglo XII.

La mujer en el mundo occidental durante ese periodo histórico pasa por diversas concepciones, es la Eva condenada y la virgen salvadora, es la tentadora y la redentora. Recordemos también que en ese momento los matrimonios solían ser concertados y eran un mero pacto social, en donde muchas mujeres (y hombres también) se vieron casados para favorecer las alianzas familiares o llenar los bolsillos del padre. Y del amor ni se hablaba.

Pero, gracias a la literatura, se empieza a entender el amor en un sentido muy distinto, al igual que a la mujer. Pues, con las historias y canciones que circulan por Europa a finales del siglo XII, nace el amor cortés. Y entonces, las posibilidades amorosas se despliegan como un abanico, en donde la mujer juega el papel principal.

El amor cortés surge gracias a los trovadores, cantores profesionales que iban de pueblo en pueblo y de corte en corte relatando historias y recitando poemas, quienes con sus cantos y melodías proponían un arte de amar nuevo, y cantaban a los sentimientos que el amor inspiraba en todos sus aspectos, pero de una manera idealizada. Y en el centro se colocaba a la mujer, pero transformada en “la Dama”.

La dama era perfecta e idealizada, lejana pero alcanzable, dibujada como una figura casi etérea pero de carne y hueso para vivir los amores, deseada, deseable y deseadora. Y el hombre tiene que convertirse en caballero para ser merecedor de sus amores, debe realizar hazañas, ganar fama y renombre, y dedicar sus grandes logros a la dama, quien entonces quizás decida verlo.

El amor cortés, ya fuera en cantos en las plazas o en antiguos libros de caballeros, empezó a dibujar una mujer diferente, que tomaba el mando, que elegía, que era factor de su destino, que tenía derecho a amar, que no era culpable, que se posicionaba por encima del hombre, que sólo era alcanzable si ella lo decidía así.

Al cambiar el concepto de amor y aceptar los deseos, la mujer deja de ser la pecadora que condena la Iglesia y se convierte en la dama humana, en importante, en el centro de amor y el desamor, aquella que abre la puerta a los sentimientos. No significa eso, que la mujer sólo sirva para el amor, sino que por primera vez se le reconoce como válida en función de lo que desea.

No se puede entonces entender el surgimiento del amor, sin reconocer a la dama, que en ese momento comienza a ser el nuevo personaje que, gracias a la literatura, se transforma y es transformador.

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