Las mujeres frente al neoliberalismo y su desigualdad

Por: Carol Arriaga

En 1982 con la llegada de Miguel de la Madrid a la presidencia de la República, inició en nuestro país la política económica llamada neoliberalismo, que consistió en el desmantelamiento y pérdida de la participación del Estado en áreas estratégicas, para abrirle paso a empresas privadas, tanto nacionales como extranjeras. 

Así que los sectores en los que el Estado tenía control, como por ejemplo la banca, los ferrocarriles, la telefonía y los correos, y lo ejercía desde una visión nacionalista y soberana se fueron entregando a empresarios hombres —nacionales y extranjeros—, cuyo fin era totalmente mercantilista, y se alejaron aceleradamente de la perspectiva social y comunitaria, para dar paso al individualismo y a la acumulación de riquezas en unas pocas manos. 

En efecto, el Estado benefactor se fue transformando en un Estado administrador, lo que tuvo efectos negativos para la mayor parte de la población y favoreció a un grupo reducido de políticos y empresarios a quienes se les entregaron empresas y sectores estratégicos que eran patrimonio del pueblo de México. 

Bajo este panorama desolador es que la gente votó por un cambio en 2018. Dar vuelta atrás a más de 30 años de neoliberalismo en tres años es una tarea titánica, que no se concluirá a final de este sexenio, pero sí habrá un gran giro. Este sistema repercute directamente en la violencia hacia las mujeres.

Quizá la violencia más significativa por el número de mujeres afectadas (no por su crueldad), es la económica. Por eso, la máxima por el bien de México, primero los/las pobres, cobra especial relevancia.

Recientemente se publicó el Informe Mundial de la Desigualdad 2022, el cual hizo públicas cifras estremecedoras y deja claro que el modelo neoliberal es un sistema machirrín y voraz: la proporción mundial es que el 10% más rico de la población percibe el 52% de los ingresos, mientras que la mitad más pobre apenas gana el 8.5%. 

Tratándose de propiedades el panorama es más desolador: el 10% de la población más rica concentra el 76% de la riqueza, en contraste, la mitad más pobre de la población del mundo apenas posee el 2%.

Estas proporciones son más adversas en nuestro país, en el cual el 1% de la población tiene el 29% de los ingresos; el 10% de la población con ingresos más altos capta el 57%; en cambio, el 50% de la población más pobre tiene un saldo negativo, es decir, tiene más deudas que ingresos. 

Además, en México los hombres concentran el 67% del ingreso laboral, mientras que las mujeres capturan solo el 33%. 

Pero, además, los hombres y los ricos son los mayores responsables de las emisiones de bióxido de carbono (CO2). El 50% de la población más pobre emite menos de 2 toneladas de CO2 al año, en tanto, el 10% de la población más rica emite 20 toneladas anuales. Luego, la lucha contra el cambio climático, también es una lucha de clases sociales.

Y sí, los hombres son mayoritariamente los dueños de las empresas que pagan menos a las mujeres, especialmente debido a la maternidad; y también son los que comen más carne y más contaminan. Asimismo son los hombres quienes fijaron las reglas para legalizar su voracidad infinita. Por eso, no queda de otra, es tiempo de nosotras, de las mujeres. Las cosas tienen que cambiar por el bien de ellos y de nosotras y sobre todo de las generaciones futuras.

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