La primera cineasta del mundo; mujer que revolucionó el cine

Cuando nos remitimos al inicio del cine (finales del siglo XIX), siempre evocamos a personajes masculinos como los hermanos Lumière o Georges Méliès. Sin embargo, olvidamos a Alice Guy, mujer que fue la primera en incursionar en el cine como directora y en aportar cambios técnicos que hasta la fecha perduran.

La primera directora de cine en el mundo, se negaba a que el llamado “séptimo arte” fuera  (en sus inicios) la exhibición de carreras de caballos, autos o locomotoras. Ella, pensaba, que el cine debería retratar historias de la vida por medio de diferentes géneros.

En una industria naciente dominada por los hombres se gana su espacio y llega a convertirse en un directora notable en Hollywood, donde se le considera una de las y los primeros directores en abordar todos los géneros y una contadora de historias excelente. Además, fue de las primeras en utilizar efectos especiales en la realización de sus filmes.

Nació el 1 de julio de 1873 en Saint-Mandé, cerca de París. Era la quinta hija de un editor de origen chileno, Emile Guy, y su esposa Mariette, quien había viajado a su Francia natal para dar a luz a Alice, mientras su marido continuaba en el sector editorial. Poco tiempo después viajaron a Chile pero para una estancia breve. Los negocios del señor Guy empezaron a fallar y, tras su muerte, la familia se instala definitivamente en París.

 
Tras estudiar junto a sus hermanos en distintos colegios e internados, Alice continúa sus estudios como mecanógrafa y taquígrafa, que le permitieron encontrar un trabajo como secretaria en la compañía Le Comptoir Général de la Photographie. Era el año 1894 y Alice era una joven de apenas veinte años que empieza a descubrir la magia de las imágenes. Pocos meses después, Léon Gaumont, uno de los directivos de la empresa dejó Le Comptoir Général de la Photographie y se llevó a Alice como secretaria de su propia compañía. 

En 1895, los hermanos Lumière organizaron una proyección pública de las primeras imágenes que habían grabado con su cinematógrafo. A la cita en el Salón Indio del Gran Café asistió el señor Gaumont acompañado de Alice. Hasta entonces, el cine primitivo estaba más preocupado por los inventos que inmortalizaban la realidad que por contar historias con ellos. Tras mucho insistir, y con la condición de que no dejara sus tareas como secretaria, Gaumont decide encargar a Alice la dirección de una división dedicada a producir historias.

Empieza entonces una época apasionante para Alice que grava con un cronógrafo varias películas en las que explicaba historias. En 1906 se atreve incluso a realizar la que se considera la primera superproducción de la historia del cine, La pasión de Cristo, rodada en los exteriores de Fontainebleau con más de trescientos extras y una veintena de decorados.  Una vez encaminada como una gran directora, emigra a Estados Unidos donde Hollywood la recibe y donde hace una amplia carrera.

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