Contra la explotación reproductiva, autonomía femenina

Por: Carol Arriaga

Recientemente, en el Congreso de la Ciudad de México se presentaron iniciativas que buscan reglamentar la llamada “maternidad subrogada” o “vientres de alquiler”. Se trata de una práctica médica en la que los cuerpos de las mujeres son explotados con fines reproductivos en beneficio de empresas privadas, que como es natural, buscan jugosas ganancias. 

En tanto una persona o pareja que no quiere o puede tener hijos por sí misma obtiene un bebé, inclusive a la carta (pueden elegir sexo y características físicas), a cambio de fuertes cantidades de dinero; mientras que la mujer portadora es tratada como incubadora y en contra prestación recibe un pago.

Los costos varían de acuerdo a la exclusividad y complejidad de los servicios elegidos, también pueden poner precio según los perfiles físicos de las mujeres alquiladas. 

Este innovador procedimiento es sexista, clasista y racista. Oprime a las mujeres y las somete a procedimientos agresivos y poco éticos. Las mujeres que aceptan estas condiciones lo hacen para favorecer su economía (la pobreza es una de las violencias machistas que más afecta en términos numéricos a las mujeres). 

Generalmente estas empresas reclutan a mujeres jóvenes, fuertes y de buena salud que habitan en países en vías de desarrollo y regiones como América Latina. 

Las mujeres ricas no rentarían su cuerpo para tener hijos de personas extrañas ni venderían sus óvulos para pagar sus gastos. 

Las mujeres portadoras adquieren el estatus de receptáculos procreadores. Son alquiladas y su salud física, psicológica y emocional pasa a último lugar para hacer negocios. Quienes hemos sido madres sabemos los cambios que conlleva un embarazo, un parto y un postparto, aunado a esto, aquí implica la separación de la madre y el bebé.    

En esta perversa forma de explotación la materia prima no son los recursos naturales como el petróleo o el litio, sino el cuerpo de las mujeres.  

Ya se han desatado escándalos por el abuso que este procedimiento conlleva y que pone a las mujeres portadoras en una situación de gran vulnerabilidad por el acto en sí y la posibilidad del incumplimiento del contrato. 

Diversos medios de comunicación han documentado casos en los que parejas rechazan y huyen de frente a la posibilidad de cuidar al bebé porque nació enfermo o con síndrome de Down, o bien, que fallecen o enferman durante el procedimiento.

En estos casos, el bebé queda bajo la responsabilidad de la mamá que fue tratada como incubadora y que lo que buscaba era una solución a su situación económica. Así, además de enfrentarse a la responsabilidad de una nueva vida, también se verá inmersa en problemas jurídicos.

En nuestro país la gestación subrogada está permitida en Tabasco y Sinaloa. San Luis Potosí, Querétaro y Coahuila prohibieron esta práctica, mientras que el resto del país, no cuenta con una legislación sobre el tema. 

Hay organizaciones que se anuncian como promotoras de los derechos de las mujeres, pero contradictoriamente promueven la maternidad subrogada.

No podríamos permitir que una persona, por necesidades económicas venda un riñón, tampoco podemos permitir que una mujer alquile su cuerpo.

Los congresos locales tendrán que legislar en beneficio de su población, no de los intereses económicos de las empresas o personas que quieren lucrar con la capacidad reproductiva de las mujeres. Porque lo político es personal, ¡no a la renta del útero!

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s