Democraticemos el feminismo

El pasado 8 de marzo miles de mujeres se manifestaron en todo el país y en algunas entidades se registró una asistencia inédita. Podemos decir que en 2022 la marcha por el Día Internacional de la Mujer Trabajadora fue la más nutrida en toda la historia del feminismo mexicano. 

A esta manifestación acudieron mujeres de todas las edades y posturas, se observó la diversidad inherente a los feminismos, cuyo fin es la justicia hacia las mujeres. Sin embargo, fue notorio que la gran mayoría de las asistentes eran mujeres muy jóvenes. 

Hoy se observa que el feminismo es un movimiento masivo, y cada vez más adolescentes y mujeres jóvenes se identifican con nuestra lucha por la emancipación. En nuestro país, el feminismo ha seguido una ola global de masificación impulsada por las propias feministas, pero en la que también se han entrometido grandes corporaciones y oligarquías, con propaganda supuestamente feminista, pero que se orienta a la mercantilización del legítimo movimiento. Y queda claro que el mayor reto es una intensa formación política feminista popular y democrática. Por eso la divulgación simple y sencilla es clave. 

Como consecuencia de la inseguridad desatada desde la llamada “guerra contra el narco” que encabezó Felipe Calderón, se vino un crecimiento exponencial de la violencia en nuestro país, que incluye las violencias machistas. Así en 2016 también llegó la llamada “primavera violeta”. Se trató de una movilización enorme de miles de mujeres en la que se denunció la falta de garantías de seguridad que especialmente ataca a las mujeres desde edades muy tempranas. 

El 24 de abril de ese año ocurrió la marcha que en redes sociales se identificó como #24A, que quizá ha sido la primera manifestación representativa por el número de asistentes. Además, fue una expresión genuina de miles de mujeres en las que también observamos hombres burlándose y provocando a mujeres víctimas de su machismo.

Poco después ocurrieron denuncias públicas a agresores a través del #MeToo, donde muchas mujeres valientes hicieron público el acoso del que habían sido víctimas en diversos espacios. Es de destacar que en varias universidades, las estudiantes se organizaron para empujar la creación de protocolos que previnieran y castigaran la violencia hacia las mujeres. 

Cada año más mujeres se suman a las manifestaciones del 8 de marzo, y se ha experimentado un crecimiento inusitado en el número de participantes, en su inmensa mayoría con un alto grado de legitimidad, pero sin que se pueda llegar a ocultar que hay algunas expresiones oportunistas, violentas y viciadas, incluso se han detectado hombres infiltrados con armas.

Hasta el 2019, antes de que se desatara la pandemia por el COVID-19, cada año superaba en número a la del año anterior. En 2020 por otro lado, por primera ocasión algunas empresas y medios de comunicación corporativos apoyaron la propuesta de que el 9 de marzo las mujeres no acudieran a sus trabajos. La iniciativa “Un día sin nosotras” que buscó visibilizar la importancia de los trabajos de las mujeres tanto en los espacios públicos como privados, obtuvo el desafortunado apoyo de las oligarquías patriarcales. 

La marcha del 8 de marzo de 2022 demostró la fortaleza del feminismo y la participación de una generación de jóvenes que quieren cambiar al mundo. Este movimiento amplio debe seguir construyendo la emancipación de las mujeres desde la politización, la conciencia de clase y resaltar los logros que históricamente han costado alcanzar a las mujeres. 

Aunque el feminismo sea masivo tiene el gran reto de popularizar el conocimiento de sus principios más elementales para que sus postulados no estén guiados por los intereses mercantiles y de poder de las empresas o de grupos patriarcales y conservadores.

La participación feminista es política, y no hay feminismos de derecha, esta lucha es de las mujeres revolucionarias, transformadoras y de izquierda. La esencia del feminismo no es individual, racista ni clasista, se trata de una lucha por beneficios colectivos. El feminismo respeta el cuerpo y el espíritu de las mujeres. No puede permitir la mutilación del cuerpo, tampoco su ridiculización ni su mercantilización.  Trabajemos en la educación feminista para todas, incluyendo a las niñas y las mujeres más jóvenes. 

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