Aprendiendo sobre el placer

Históricamente, a las mujeres se nos ha negado el derecho al placer. Con el arribo del conquistador a partir de 1519, el pensamiento judeocristiano encumbró una figura ambivalente pues mientras implementó la adoración religiosa de figuras femeninas y resaltó su potencial maternal, al mismo tiempo encumbró a la virginidad como la cualidad más destacada para una mujer. 

El placer femenino se observó como una manifestación del pecado, y esas nociones prevalecieron en la cultura mexicana que convirtió al deseo de las mujeres y a sus propios cuerpos en un tabú, al mismo tiempo que en un objeto de deseo. 

Aunque el neoliberalismo buscó convertir a la sexualidad femenina, más que nunca, en un objeto de mercado, los valores dominantes siguen rechazando a la autonomía de las mujeres sobre su cuerpo y su placer. 

Las mujeres tenemos un maravilloso órgano en nuestras vulvas, llamado clítoris, que tiene el único objetivo de darnos placer. Conocer esta anatomía desde edades tempranas no significa fomentar la sexualidad, sino ser conscientes de nuestra biología para tomar decisiones acertadas acerca de nuestros cuerpos, entendiendo que somos dueñas de nuestras sensaciones y, por lo tanto, decidimos libremente con quien tener, o no, intercambios sexuales. 

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