La democracia empieza en casa

Tradicionalmente en la casa las tareas y roles se han repartido de forma inequitativa, pues mientras se consideró que los varones eran “cabeza de familia”, a las mujeres se les designaron las tareas de cuidados y aseo. La toma de decisiones, por lo tanto, históricamente han recaído mayoritariamente en los hombres, lo que ha constituido repartos desiguales dentro de casa.

Las infancias que se desarrollan en este modelo de familia adquieren un aprendizaje en donde las mujeres no son partícipes de los espacios de poder, o de toma de decisiones, lo que constituye un modelo antidemocrático. Por el contrario, el reparto equitativo de las tareas en los hogares, así como tomar en cuenta las opiniones de todos los miembros de la familia es la manera de cultivar la democracia en la familia.

Para avanzar en la participación de todas las personas, más allá de su sexo, se requieren hogares y familias que fomenten la participación equitativa.

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