Mujeres al volante, seguridad constante: conductora de RTP

Los refranes son y han sido naturalmente una muestra que se transmite de voz en voz de lo que es y piensa una sociedad, uno de los más conocidos es “mujer al volante, peligro constante”, una idea que representaba un machismo profundo y una denigración de las capacidades de las mujeres.

Romper con ideologías machistas y paradigmas que categorizaban trabajos dependiendo del sexo fue uno de los primeros retos a los que se enfrentaron las mujeres conductoras que iniciaron el proyecto “Atenea”, de la Red de Transporte de Pasajeros de la Ciudad de México (RTP), en 2008.

La idea era brindar transporte público exclusivo para mujeres, personas de la tercera edad, personas con alguna discapacidad y niños menores de 5 años.

María Azucena Anaya Hernández fue una de las primeras operadoras del servicio exclusivo para mujeres, cuya finalidad era la de brindar un servicio seguro para las poblaciones vulnerables. Actualmente lleva 13 años como operadora y reconoce como un gran avance que con el programa “Atenea” se lograra la contratación de mujeres para operar el transporte público:

“Creo que fue un gran logro y un acierto que se contrataran a mujeres como conductoras para lo que inicialmente fue un servicio de transporte para mujeres. Después se amplio para otros sectores de la población que eran vulnerables, teníamos que ser mujeres las que brindáramos ese servicio porque sólo nosotras sabíamos lo que es sufrir acoso, tocamientos y otras inseguridades en el transporte público”.

María Azucena Hernández, operadora de la Red de Transporte Público de la Ciudad de México

Nos comenta que la contratación de las operadoras se dio por medio de una invitación a las mujeres que contaban con el llamado tarjetón que las califica para brindar el servicio de transporte público “en ese momento yo ya había dejado de trabajar como taxista, había iniciado un pequeño negocio, pero cuando recibí la invitación decidí hacerlo, sí con mucho miedo porque no sabía como iba a reaccionar la gente al ver a una mujer al frente de un camión, pero con la idea de que podía hacerlo y también porque era una oportunidad de tener toda la seguridad social que un trabajo así puede ofrecer”.

En un inicio el servicio fue prestado por 30 mujeres con una ruta inicial de Santa Martha al metro Zapata “al inicio fue complicado, recuerdo que después de la semana inicial en la que me acompañaba otro operador para enseñarme la ruta, en mi primer recorrido muchas personas no se subían cuando me veían en el volante, otras más se subían con temor o dudas, lo veía en sus expresiones, algunas veces incluso me decían que no se subirían si una mujer manejaba, fue algo que dolía, y que nos pasó a muchas, fue doloroso pero no teníamos de otra que aguantar y seguir”.

Sin embargo, con el paso del tiempo y los recorridos la situación cambió para bien a decir de María Azucena “después que muchas mujeres desconfiaran de nosotras por ser mujeres, supongo que la necesidad las impulsó a abordar nuestras unidades y fue así que poco a poco cambió su manera de pensar.

Después de un tiempo esos malos comentarios se convirtieron en felicitaciones, en reconocimientos y muchas veces en agradecimientos por el servicio que dábamos. Algunas de nosotras llegamos incluso a recibir algunos detalles detalles de las usuarias, como una manzana que nos daban las usuarias, se dieron cuenta que no solo éramos capaces de hacer la misma actividad de conducción que los hombres, sino que teníamos empatía con sus necesidades, con sus miedos y con el entorno en el que nos encontrábamos, no era una ruta sencilla”.

«Creían que no teníamos la capacidad de hacer esta actividad”: María Azucena Anaya.

El rechazo por parte de los usuarios y conductores de vehículos particulares fue sólo una parte de la barrera que debían derrumbar las operadoras del servicio de transporte público, otra negativa a la que se enfrentaban era la de sus compañeros dentro del gremio.

“Los compañeros pensaban que veníamos a quitarles su trabajo, sus rutas, horas y unidades, creían que no teníamos la capacidad de hacer esta actividad”.

A pesar que hoy en día no es inusual ver a mujeres operando unidades del transporte público, las mujeres al frente de estos vehículos siguen siendo muy pocas y enfrentando otros retos:

“No voy a decir que todo esta bien dentro del gremio, aún existe cierta resistencia por parte de algunas personas, pero poco a poco han ido disminuyendo esos rechazos. Hoy ya te puedo decir que somos compañeros en toda la extensión de la palabra (…) tenemos igualdad salarial, en horarios, prestaciones y rutas, se nos trata como iguales, hemos llegado incluso a áreas que anteriormente no encontrabas mujeres, poco a poco nos van aceptado quienes se resistían a las mujeres en el gremio y nosotras nos hemos ido metiendo también”.

Sin embargo, aún falta camino por recorrer “actualmente somos 3 mil 247 trabajadores en el transporte público de la Ciudad de México, de los cuales únicamente somos 187 mujeres y 177 operadoras, seguimos siendo muy pocas y faltan espacios por conquistar, como por ejemplo una representación de las mujeres en el sindicato porque quién más puede saber lo que necesitamos que una mujer”.

Pese a que desde que inició la pandemia de Covid19 el servicio “Atenea” tuvo que ser mixto, ella confía en que vuelva a ser exclusivo de mujeres, pues en su experiencia nos dice que tiene los siguientes beneficios:

  • Las mujeres se sienten seguras al subirse a este transporte, ya sea que vayan solas o acompañadas por sus hijas e hijos menores.
  • No sufren acoso, tocamientos o vejaciones de ningún tipo por hombres.
  • Los traslados son libres de violencia sexual para las mujeres y seguros y adecuados para la población vulnerable.
  • No presentaron, al menos en todos los años de servicio de Atenea, reportes de incidentes de robo en las unidades.
  • Al ser un servicio ordinario hace paradas más continuas que el exprés, por lo que las personas adultas mayores y con alguna discapacidad, caminan menos a su destino.

A decir de María Azucena, no es suficiente con tener espacios asignados para las mujeres en la misma unidad, pues aunque se destinen asientos, los acosadores aprovechan el poco espacio en pasillo para tocar de forma inadecuada a las mujeres, ya sea con sus manos o pegándoles su cuerpo.

“Las mujeres no queremos ir sentadas en asientos exclusivos para nosotras, o personas de la tercera edad, queremos ir seguras y eso solo se logra con espacios dedicados a nosotras”, agregó.

Por último Azucena comenta que al conducir se siente poderosa y empoderada, que sabe que tiene la responsabilidad de muchas personas, de su puntualidad y de llegar con bien, y que depositan su confianza en ella.

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