Las mujeres en el ámbito político y social

Por: Lidia Bernal

A lo largo de los años he visto muchas mentalidades que tratan de minimizar e invisibilizar la importancia de las mujeres en la sociedad, en lo político, en lo laboral y en lo cultural. Comprendo que las conductas machistas no se han erradicado, y sé que este proceso no es de la noche a la mañana, porque existe cierta resistencia al cambio. ¡Claro, tantos años creyendo que educar así, era correcto!

También he comprobado notables cambios, pues gracias a mujeres que nos antecedieron, se ha hecho mella sobre la participación de las mujeres en la vida política, social, educativa y cultural, etc. como es el caso de Luz Vera, Margarita Robles de Mendoza, Matilde Montoya, Columba Rivera y Julia Nava, por mencionar algunas, que lucharon por el derecho al voto de las mujeres en México.

Sin embargo, creo que todavía no estamos donde deberíamos estar. Hoy residimos en una sociedad donde más de la mitad somos mujeres y nuestra participación debería de ser incuestionable en igual proporción. Considero que un país que no incluye a las mujeres en la toma de decisiones, difícilmente es un país en desarrollo. Incluirnos es fundamental, puesto que nosotras somos imprescindibles para poder hablar de una democracia representativa, y no es que se nos haya ocurrido hoy, como si hubiésemos aparecido por arte de magia, ni es un capricho hormonal como muchos nos quieren hacer ver, ¡no!

Obviamente también queremos forjar proyectos, iniciativas, esparcir y diseminar nuestra semilla del intelecto, creatividad y capacidades, en todos los talantes. No solo queremos cumplir roles sociales, nos gusta ser escuchadas y aportar nuestro conocimiento al crecimiento de México. Me gusta ver a nuestro Primer Mandatario, sumando de forma favorable a nuestras coterráneas, y lo aplaudo, pero no todo está resuelto, no es una lucha para una sola persona, esto es una necesidad colectiva y aquí somos todos los que tenemos el deber moral de participar.

Como abogada, activista de los derechos de las mujeres en diversas reuniones con compañeras, todas coincidimos y nuestro común denominador es la falta de oportunidades, el respaldo, el tiempo, la economía y muchísimos sueños frustrados en las cerdas de las escobas. Aspiraciones desechas en el trapo de cocina, yéndose por el caño del fregadero, empoderamiento tallado con las esponjas de lavar trastes, planes que se queman en el fondo de los sartenes hirviendo con aceite.

Todo ello, me incomoda y no puedo ver cada acción sin perspectiva feminista, sin cuestionar ¿y nuestras mujeres?, ¿en qué rincón escondidas están? Mi respeto y sororidad a todas las mujeres resilentes que viven como amas de casa que aspiran a más. ¿Cuándo comprenderemos que los quehaceres de casa no son un rol de “exclusivo para mujeres”? Todo esto lo he aprendido gracias a otras mujeres que se tomaron el tiempo de escribir, que se atrevieron alzar la voz e hicieron notar en el contexto público y privado que no somos solo caras bonitas con escote.

¡Basta de estereotipos y mujeres etiquetadas!, hay tanta diversidad mental, sexual, cultural, física como para encasillarnos en una sola forma.  Hemos agrietado esa barrera y créanme, como dice Mary Wollstonecraft, una mujer que admiro muchísimo, pionera del feminismo, gran pensadora y escritora británica: “Educad a las mujeres como a los hombres. Ese es el objetivo que yo propongo. No deseo que tengan más poder sobre ellos, si no sobre sí mismas”.

Ésta es una máxima del feminismo: tenemos en nuestras manos la educación de nuestras niñas para empoderarlas y enseñarlas a ser escuchadas. Por eso, sé que es responsabilidad mía, pero también de mi esposo, contribuir desde el gueto en que nos encontramos, en la educación y formación de nuestros hijos, donde diariamente les enseñamos la importancia de que sus voces se escuchen, y que cualquiera que sea su carrera, sueño, actividad, oficio, tiene que ser pensado para contribuir en el desarrollo de la sociedad.

El respeto a las mujeres es imprescindible, pues diariamente vemos casos atroces de mujeres desaparecidas y también he visto a mujeres perder la vida por falta de acceso a la salud. Es doloroso no tener esa independencia económica que tanto anhelamos, mucha de la violencia que viven las mujeres se debe al miedo, ignorancia, falta de recursos, nulas oportunidades o el poco acceso a la educación.

He vivido en carne propia la falta de oportunidades, pero nos tenemos que esforzar al triple. Veo pasar una y otra ley, en materia de paridad de género, pero mi pregunta es ¿realmente los partidos políticos dan oportunidad a las mujeres?, o ¿sólo es simulación? Yo veo aún algunos órganos públicos donde la participación de la mujer es simulada o nula y pareciera que tuviéramos que seguir pidiendo permiso para pertenecer.  Pero esto es un Derecho Constitucional, de cumplimiento obligatorio, en la que todas las autoridades deben ser integradas sobre el principio de paridad, pero para que se nos pueda garantizar la verdadera paridad, es urgente y necesario que nuestras instituciones públicas adopten otro tipo de criterios progresistas que propicien una mayor participación de las mujeres en estos espacios públicos.

Cada vez que acudo al llamado de mujeres, en nuestros talleres feministas logro sentir la energía de mis adoradas compañeras, tan ávidas todas de ser escuchadas. Como representante de las mujeres sé que han habido logros y reformas sobre violencia llámese política, física o psicológica en contra de las mujeres por razón de género, pero para mí aún sigue siendo insuficiente; no hay que flagelar esta lucha, movamos colectivamente las conciencias y sigamos organizadas alzando la voz.

Es necesario que nuestros legisladores hagan políticas públicas que garanticen a todas las mujeres una vida libre de violencia y también que se establezcan procedimientos de comunicación entre todas las instituciones para salvaguardar la integridad a través de mecanismos que permitan resolver cualquier procedimiento que ponga en riesgo la integridad de las mujeres.

Sé que esto es un gran desafío, pero no es imposible y no podemos permitir seguir excluyendo a nuestras mujeres, pues somos nosotras individuas y sujetas de derecho. No pedimos ser toleradas, exigimos la debida aplicación de nuestros derechos y es por eso que considero de primaria necesidad la participación de las mujeres en la toma de decisiones.

Si bien en México se han logrado grandes avances en los últimos años, aún existen brechas que es necesario cerrar a través del esfuerzo coordinado, y esto considero lo lograremos con unidad, sororidad, preparación y ¡VALENTÍA DE NUNCA QUEDARNOS CALLADAS!

Por último, quiero compartirles una de mis frases favoritas, y ojalá la hagamos carne y sangre por el bien de todas nosotras, esperando se nos quede plasmada diariamente como un mantra: “Porque la que puede, puede, la que no puede la jalamos y la que no quiere, la empujamos, ninguna mujer se queda atrás”.

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