Teresa y la maldad

Por: Carol Arriaga

El 5 de junio se celebraron elecciones para gubernaturas en Aguascalientes, Durango, Hidalgo, Oaxaca, Quintana Roo y Tamaulipas. Morena y sus aliados ganaron cuatro gubernaturas; además  en Quintana Roo se obtuvieron 14 de las 15 diputaciones que hay por mayoría relativa y en Durango se obtuvo el triunfo en el 46% de los municipios. Así que el proyecto transformador creció.

Para las mujeres destaca el caso de Aguascalientes, pues fue la primera vez que en una elección a la gubernatura las candidatas fueron exclusivamente mujeres. La contienda la disputaron Teresa Jiménez por el prianismo y Nora Ruvalcaba por morena.

Lamentablemente esa campaña se vio manchada por presuntos actos de violencia extrema, humillaciones, intimidaciones, amenazas, crueldad, detenciones arbitrarias, irrupciones en la madrugada a domicilios donde se hospedaban brigadistas de morena quienes fueron golpeados y encañonados para ser golpeados, por parte de comandos armados, robo de información y dinero amedrentamientos, persecuciones y hasta ponchaduras de llanta. Podemos dar cuenta de ello.

Ahí se invirtió en una guerra sucia a través de lonas que colgaron en la clandestinidad en el mobiliario público, en la que anunciaban odio hacia morena. Pero también hubo un grupo de panistas que rodearon el hotel del Alba, en el centro de la capital hidrocálida, donde se hospedaban militantes de morena de Michoacán para gritar: “fuera los de afuera”, olvidando incluso que su propia candidata Jiménez es originaria del Estado de México y no de esa entidad.

El proceso se caracterizó por un cerco informativo de casi todos los medios locales, quienes lejos de contribuir a la vida democrática aguascalientense con opiniones y críticas agudas y diversas, se convirtieron en promotores de la candidata prianista. 

Basta ver los encabezados publicitarios del periódico Hidrocálido que refiere un costo de diez pesos por ejemplar, pero que era distribuido gratuitamente a diestra y siniestra en lugares públicos; o escuchar la propaganda que Morales, un lépero locutor, propinaba en cadena local por el 91.3 F.M.

La oportunidad de tener un proceso electoral sororo y diferente se esfumó casi de inmediato. Prevaleció la violencia y la tradicional forma machista de buscar el poder. Cierto, no podemos afirmar de manera contundente que esos actos hayan sido ordenados por la candidata Jiménez ni por sus operadores guanajuatenses, Alberto Villareal ex alcalde de San Miguel de Allende o Alejandro Navarro, presidente municipal de Guanajuato, ambos vinculados al morenovallismo. 

Ese trío de personajes tiene serias acusaciones por desfalco al erario público, incluido el sobreprecio de las luminarias y la construcción de un parque fotovoltaico inservible durante la presidencia municipal de Teresa Jiménez en Aguascalientes, que representó un endeudamiento por encima de su costo real por 28 mil millones de pesos, a pagar durante 30 años. Lo cierto es que solo el 2% de los delitos cometidos llegan a una sentencia y que una acusación así además de larga y tediosa es obstruida por la carga de trabajo, pero también por las propias autoridades locales: ministerio público, policía y jueces, quienes a menudo le deben a uno u otro gobernador sus cargos.  

La víctima no fue morena ni Nora, su gran candidata, sino la democracia, la honestidad y la paz que busca el pueblo aguascalientense, y por supuesto todas las mujeres que luchamos día a día por feminizar la política. ¡Así no Teresa!

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